Platicando acerca de cómo el inconsciente forma nuestra autoimagen, permítanme añadir un concepto más: nuestro autoconcepto, un elemento clave para la buena elaboración de nuestra autoimagen.
Para entenderlos mejor, digamos que nuestra autoimagen es cómo nos vemos y nuestro autoconcepto es qué pensamos de nosotros mismos.
El inconsciente crea nuestra autoimagen basándose en nuestro autoconcepto:
1.— Nuestro inconsciente toma las imágenes implantadas por nuestros padres, familiares, educadores y por toda persona con quien hemos tenido contacto hasta el día de hoy —muchas de ellas están ahí guardadas desde la infancia— y con ellas va formando nuestra autoimagen, guiado por nuestro autoconcepto, que son las opiniones, creencias y convicciones sobre nosotros mismos.
2.— El inconsciente no hace distinción entre la bondad o la maldad de las imágenes que tenemos de nosotros mismos. En nuestra autoimagen pueden convivir imágenes constructivas e imágenes destructivas de nosotros mismos. Las constructivas nos llevan al bienestar, las destructivas intentan frenarlo, a toda costa. Esa distinción entre la bondad o maldad de las imágenes, debemos hacerlas nosotros mismos conscientemente.
El concepto de la vejez que prevalece en la actualidad, empezando por el propio y siguiendo con el de nuestros hijos, nietos y de la sociedad actual, suele no favorecer a la autoimagen de quien ha envejecido.
No podemos cambiar a los demás; lo que sí está en nuestras manos, es que nuestro autoconcepto favorezca la elaboración de una autoimagen justa y amigable con nuestro envejecimiento.
Psicólogo clínico, UVHM. Tutor Salud Mental y Espiritualidad para Adultos. WhatsApp: 9993-46-62-06. TutorSaludMental
