Editorial

Yeusví Maley Flores Cazola: Ómicron, una oleada distinta

miércoles, 26 de enero de 2022 · 00:00

Como bien predijeron los expertos en salud pública, ómicron llegó cual huracán enfurecido y arrasando con todos a su paso.

Especialistas afirman que esta variante de coronavirus afectará por lo menos al 85% de la población mundial. Uno de los grandes alicientes es que la gravedad de la sintomatología no es mucha y solo en pocas ocasiones llega a ser letal.

Aunado a lo anterior, la población comienza a recibir el refuerzo de su vacunación lo que hace el panorama un poco menos desolador.

¿A qué se enfrenta la población ahora? Afortunadamente, hoy no luchamos desesperadamente por un ventilador ni buscamos como alma en pena una cama para nuestros seres queridos, hoy contamos con cierto aprendizaje y dejamos a un lado el tratamiento empírico para contar con evidencia científica que, aunque reciente; deja a un lado el uso de ivermectina y antibióticos para una enfermedad que poco a poco comenzamos a reconocer.

Hoy nuestra lucha es diferente, hoy la sociedad está mermada, las calles se aprecian ataviadas con letreros de “cerrado temporalmente” y los servicios de salud malabarean con la escasez de recurso humano, porque finalmente todos somos eso, simplemente humanos, y a dos años de pandemia, seguimos sin comprender nuestra fragilidad.

Otro desabasto importante puede observarse en las pruebas de laboratorio, entre los viajes de turismo de vacunas, el miedo e histeria colectivos a estar infectados, la imperiosa necesidad de creerse asintomático, el miedo a vacunarse sin saber si se está infectado, la tranquilidad de ya no ser un contagio y la necesidad de proteger a otros.

En promedio una familia con síntomas se realiza entre tres y cuatro pruebas por persona en 10 días, ocasionando que las autoridades hoy recomienden el aislamiento preventivo, en una sociedad donde difícilmente los miembros económicamente activos que no han sido presas de la pandemia, luchan por sostener una economía importantemente menguada.

Seguimos sin ser empáticos, y mientras no evolucionemos a la empatía colectiva, seguiremos siendo atacados por un virus que nos recuerda que, a pesar de los años de evolución, día a día vamos perdiendo la verdadera esencia humana.

La cuarta oleada traza pinceladas de un campo árido y desolado, un campo listo para renovarse y cuya sequía esperamos sea la suficiente para augurar una temporada de cosecha maravillosa, gracias a un terreno completamente renovado y fértil que se traduzca en una sociedad consciente, responsable y en esencia ética y moral, verdaderamente humana.

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