María Isabel Isidra Casanova Palma nació en Umán el 19 de noviembre de 1922. En aquel entonces, el pueblo no era lo que hoy es: no había luz, las calles no estaban pavimentadas y la mayoría de la gente hablaba maya.

Hoy, cien años después, vive en Mérida, en la estancia Tío Frank, donde ayer le ofrecieron un convivio por su onomástico, aunque pasado mañana, día de su cumpleaños, irá a comer con sus hijos Blanca, Landy y Evaristo, sus cuatro nietos y seis bisnietos a un restaurante del fraccionamiento Pinos.

Siempre risueña, doña Isabel dice estar feliz de cumplir años rodeada de su familia y de poder comer de todo, aunque en pequeñas porciones que, asegura, es una de las claves para llegar a su edad.

Por supuesto, comer poco no lo es todo. También hay que comer saludablemente, indica, y eso da pie a recordar que cuando vivía en Umán comía mucho venado y gallina de patio, aunque sus comidas favoritas son el frijol con puerco y mole. También le gusta el refresco embotellado, los bizcochitos de manteca y los flanes.

“Pero para llegar a mi edad hay que comer sano y poco. Yo comía mucho venado”, vuelve a decir. Y a eso atribuye que a su edad no use anteojos y aún pueda caminar.

En entrevista con Diario de Yucatán, rodeada de su dos hijas y su hijo, doña Isabel dice que siempre vivió en Umán, donde tuvo una infancia normal a pesar de que su padre, Isidro Casanova, era un hombre muy estricto que no la dejaba ir a los bailes. Su madre era más flexible.

Recuerda que su madre, Serafina Palma, la escondió en el monte en tiempos de la persecución y de la epidemia de viruela. “Allí me llevaron para cuidarme, para que no me contagiara”.

Pasada la amenaza regresó a su casa, donde continuó con su vida normal hasta que, aún menor de edad, contrajo matrimonio con Julián Sansores, de quien enviudó a los 16 años. Recuerda que, estando casada con él, en enero de 1937, ganaron una casa en un sorteo de la Lotería de la Beneficencia Pública del Estado. De hecho, tiene un recorte del Diario de Yucatán que da cuenta de la noticia.

Tras enviudar tuvo otra pareja y finalmente contrajo segundas nupcias con José Evaristo Sánchez, quien falleció hace 18 años.

Doña Isabel sonríe al recordar todo lo que ha vivido en cien años, incluso la primera vez que viajó en un avión de hélice. Ese viaje lo hizo con su amiga Nelly Sosa y, como no conocían la metrópoli, únicamente llegaron a la colonia Roma.

También tuvo la oportunidad de viajar en el barco “El Emancipación” a Veracruz. En realidad, fue muy viajera, según revelan algunas fotos que le llevaron sus hijos. Ha viajado a Coahuila, Chihuahua, la Riviera Maya, Chiapas, Tabasco… tantos lugares, pero Umán sigue estando muy presente en su memoria.— IVÁN CANUL EK

 

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