El padre Ricardo Alberto Atoche Enseñat, quien en septiembre será presentado como rector del Seminario Conciliar de Yucatán, informa que el curso 2023-2024 se iniciará con medio centenar de estudiantes.

De ese número, 24 corresponden al Seminario Menor “San Felipe de Jesús”, cuatro al curso Introductorio, 22 a la etapa Discipular y uno a Teología y al que se envió a formarse en la Universidad Pontificia de México.

De nuevo ingreso hay 11: seis en el primer año del Seminario Menor y cinco en el curso Introductorio.

El 40% de los seminaristas procede de Mérida y el resto, de otros municipios del Estado. A esa diferencia, indica el padre Atoche, intervienen varios factores, entre ellos que “ahora los muchachos en la ciudad tiene muchos distractores”.

“Vemos que los muchachos que viven en ciudades tienen un poco más de acceso a una instrucción religiosa, a grupos apostólicos, a dinámicas parroquiales. A veces encontramos que los del interior llegan con un poco menos de preparación religiosa, pero saben escuchar más a Dios, porque no tienen tantos distractores como en la ciudad”.

Los jóvenes de los municipios “están más en contacto con la naturaleza, guardan más tiempo de silencio y eso hace que escuchen con más facilidad la vocación”.

¿Por qué ahora hay pocas vocaciones al sacerdocio?

El problema es mucho más complejo de lo que parecería. No es solo una causa, sino muchas; hay causas locales ciertamente, pero también globales. Esto va mucho más allá de Yucatán, es una tendencia en el mundo. Ahora, el modo de pensar del mundo complica enormemente hacer opciones para toda la vida; pensamos en cosas inmediatas, suaves, materiales; entonces, ¿cómo va un muchachito a pensar en una opción para toda la vida si nuestra sociedad todo lo quiere de inmediato? También vivimos en sociedades frágiles. La descomposición del tejido social es evidente no solo en México, pero en el país se da muy fuerte. Un ejemplo es que hay una crisis de paternidad, crisis de modelo de familia, eso produce confusión en la juventud. Otra causa: como que la Iglesia se ha acomodado, vivimos un cristianismo sin entregarnos, una Iglesia cómoda.

La Iglesia de los primeros mártires, de los grandes místicos, donde entregabas todo y vivías tus consejos evangélicos, como que se ha diluido. Y eso también afecta para que no surjan vocaciones.

En Roma me tocó escuchar el lamento de varios obispos que con tristeza nos contaron que tuvieron que cerrar sus seminarios porque ya no hay vocaciones en sus diócesis. Cuando tuvimos la reunión de directores espirituales en el Dicasterio para el Clero, que ve los seminarios del mundo, nos dijeron que la tendencia mundial es hacer seminarios interdiocesanos, es decir, como ya son tan poquitos los estudiantes en una diócesis, están juntando varias en un solo seminario. En España las diócesis tienen de uno a tres seminaristas en toda la diócesis; en Francia no hay.

¿Qué hará el Seminario para promover las vocaciones sacerdotales?

Lo esencial es vivir, entregarnos a nuestra vocación. Decía un santo: si los sacerdotes vivimos nuestra vocación nunca van a faltar vocaciones para la Iglesia, porque si nos entregamos a lo que hacemos eso es atractivo para los jóvenes. Y van a querer también vivirlo. Es lo mismo en cualquier vocación; si un religioso vive con intensidad, se entrega, los jóvenes van a querer ser religiosos.

¿Qué papel tienen los párrocos y sacerdotes en la promoción vocacional?

Uno importantísimo. El Seminario es un proyecto de Dios que nos los regaló a todas las diócesis; los párrocos, todos los sacerdotes, tienen la misión principal de hacer de su vida una invitación a la vocación. La promoción vocacional no es algo que le corresponde a una sola persona sino a toda la Iglesia, y qué hermosa es la Iglesia que todos los jueves se hace la Hora Santa y se pide a nuestro Señor por las vocaciones. El párroco que después de la misa invita a orar por las vocaciones; las señoras que cada vez que rezan el rosario piden por las vocaciones… Esta labor es de todos.

El párroco que sonríe a sus muchachos del grupo juvenil promueve la vocación. No es hacer tantas cosas, sino el modo como nos acercamos a la juventud, a ésos que están en la búsqueda de qué quiere Dios de ellos: una palmadita al acólito que te está ayudando, preguntar al muchacho cómo le fue en su examen, qué pasó con su mamá enferma. Esos gestos sacerdotales le dicen mucho al joven de hoy y lo está necesitando aun más ante la crisis de paternidad en la sociedad.

¿Cuáles son los planes para el Seminario Menor?

En enero próximo vamos a tratar de dar mantenimiento a la casa: pintura, techos.., es un trabajo costoso. La casa del Seminario Menor que está en Periférico la estamos usando para misas, actividades deportivas y reunión de grupos apostólicos. Si en un futuro se permite tener un poco más de seminaristas, regresarán a casa.

¿Qué significa para usted ser rector del Seminario?

Es una nueva etapa en mi vida sacerdotal. Estudié la carrera de Medicina. Es como ponerme el estetoscopio y escuchar el corazón de la diócesis. El corazón de una diócesis es siempre el Seminario. Si quieres caminar o correr, el corazón tiene que latir más fuerte para que la sangre llegue a todo el cuerpo; es como si Dios me dijera: ahora te toca escuchar el corazón y hacerlo latir. Es una etapa bellísima. Sé que esto implica también una gran cruz, la acepto para mi vida. Es como jugar fútbol: me voy a cansar pero también lo voy a gozar; de repente me van a pegar una patada los seminaristas, pero hasta la patada y el golpe lo voy a aguantar.— CLAUDIA SIERRA MEDINA