Un paseo por las calles del centro de Mérida que tienen nombres singulares se hizo ayer en el espacio de la Sala de Lectura del Gran Museo del Mundo Maya, con una charla a cargo de Guadalupe Aké Cetina, mediadora de la sala Palabra Escrita.
Ante niños acompañados de sus padres, Aké Cetina habló en “Las esquinas de Mérida” de las conocidas con los nombres de “El gallito”, “El loro”, “La veleta”, “El elefante”, “La tucha”, “El zopilote”, “El faro”, “El aguacate” y “El iguano”.
Algunas de las historias transmitieron también enseñanzas sobre valores humanos, como la humildad, como en el caso de la niña que se convirtió en un mono y dio origen a “La tucha”.
Sobre “El zopilote”, Guadalupe Aké recordó que ahí vivía un hombre que tenía un ave carroñera que comía la carne de niños a los que raptaba. De “El elefante” dijo que con el nombre se hacía burla de una persona obesa.
La charla, que mantuvo atento al público, incluyó una muestra de las placas rojas que llevan el nombre de las esquinas. La esquina de “El gallito”, añadió la expositora, se refiere a una antigua tienda de abarrotes en el cruce de la 60 con 63.
La esquina de “El loro” se conoce así porque un par de hermanas tenía un ejemplar de esa ave, que saludaba a los transeúntes desde la casa en la calle 62 con 55. A su muerte, y ante la insistencia de la gente por saber del animal, las mujeres colocaron un loro de madera.
“La veleta” alude a una costurera que dejó a su novio pobre por un hombre rico, lo que causó la muerte del primero por tristeza. Es la esquina de la 66 con 65.
La historia de “La tucha” fue la que llevó más tiempo. Se cuenta que una niña rica y bonita, pero soberbia y gruñona, exigió que una vendedora de muñecas le regalara una de barro. Como la mujer no lo hizo, se quedó con sus otras muñecas. No sabía que estaba tratando en realidad con la Bruja del Poniente de Yucatán, que con sus conjuros convirtió a la niña en una mona.
Al no encontrar a su hija, sus padres iniciaron una búsqueda en la que intervinieron incluso el gobernador y el arzobispo. A los 15 días la menor apareció con su cuerpo humano y sucia, ante lo cual se concedieron hasta 1,200 indulgencias.
La niña volvió a la plazoleta del barrio de Santiago, donde se había encontrado por primera vez con la vendedora, y agradeció a la mujer por enseñarle la lección. Estos hechos ocurrieron en la esquina de la 57 y 66.
La charla sirvió para que las nuevas generaciones de meridanos conocieran parte de la historia de la ciudad.— CLAUDIA SIERRA MEDINA
