“Quiero música maestro, que esta noche estoy de tangos” (Homero Expósito, poeta y letrista argentino)

El baile es una expresión corporal que satisface al que la ejerce y alegra al espectador. La principal manifestación de esto es el ballet, donde se conjuga la música clásica con la finura en los modales y las posiciones del cuerpo. Entre los bailes populares se encuentran el vals, el fox-trot, el danzón, el twist, el minué, la polca, el mambo, el rocanrol, la rumba, la salsa, la cumbia y otros más, incluyendo los bailables indigenistas que representan al país y estado de donde provienen.

Algunos estudios dicen que el tango nació de chiquillos que, bailando al compás de un organillo, crearon uno de los ritmos más definidos y sensuales de los últimos tiempos. Su aparición se remonta hacia 1880 en los barrios bajos de ciudades del Río de la Plata, Buenos Aires y Montevideo, pensándose que el tango es, para estos lugares, un valor cultural. Algunos historiadores afirman que tango es una palabra gramatical del verbo latino tangere, que significa palpar. Otros piensan que es una deformación de la palabra tambo o tambor, pues el término se utilizaba con relación a ritmos y bailes africanos, al ruido y escándalo.

También se le llamaba tango al área cercada donde se encontraban los esclavos negros en la costas africanas antes de ser embarcados al mercado del mundo entero.

Las primera sletras del tango fueron arrabaleras y suburbanas para que, posteriormente y con el tiempo, se compusieran versos en el español culto de letristas intelectuales, lo que le dio a este ritmo un sentido poético. En los barrios de las ciudades mencionadas proliferaban los compadres que eran personas dotadas de autoridad y que, envalentonándose con ella, reinaban en el rumbo sin gran responsabilidad.

Actividad rítmica

El maestro ensayista y musicólogo Carlos Vega, hablando de la coreografía del tango, se expresa de la siguiente manera: “La danza es un medio de expresión pero ninguno de los medios humanos puede comparársele en complejidad y forma. Ninguna se funda en energías que se traducen en actividad rítmica; ninguna ofrece a las comunidades la posibilidad de convertir a cada miembro en actor y creador de su mínima versión original; ninguna echa más hondo su ancla entrañada, porque danzar es sustraerse al mundo para darse a tramar y a querer. Para el triunfo de una danza se requiere que el movimiento creador se anticipe a percibir el desgaste de los estímulos dominantes y a intuir la dirección de las apetencias latentes en los centros motores”.

El tango es un producto social y en él intervienen todos los estratos sociales, principalmente los de más bajo nivel, diciéndose, por ello, que este ritmo es la música lánguida de un pueblo humillado. En los años 80 y 90 del siglo XX fueron alegres y juguetones para derivar, posteriormente, en notas oscuras que llegaban al colmo del pesimismo. Su interpretación era una lúcida recreación de la inmoralidad y corrupción imperantes de la década de los años treinta del siglo XX.

En la época de Gardel no había fiesta casera sin que la familia bailase el tango, considerando esto a la manera de liturgia solemne y con el se iniciaba el amor al tener la pareja un encuentro de desafío y de relación carnal. El baile enamoraba y los que miraban quedaban embobados. Después de un buen tango muchas parejas eran irreversiblemente marido y mujer. Hubo una frase popular en la nostalgia por la soltería perdida: “La culpa fue de aquel maldito tango”.

Se ha hablado mucho y se ha estudiado más sobre esta expresión del cuerpo y no podemos terminar sin recordar al famoso Carlos Gardel que decía: “Yo soy rioplatense, como el tango”. El cantante tenía una perenne sonrisa que resaltaba su realidad exitosa. Las letras que interpretaba, con voz gruesa y de entonación característica, generalmente tocaban la cuestión social o eran de protesta hacia el entorno que le tocó vivir.

Me despido. El punto de vista del día de hoy fue con la ilusión de que nos pongamos a bailar y olvidemos todo lo que está pasando o está por suceder.

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