• Visitantes al teamLab Borderless experimentan el “Universo de burbujas” antes de la inauguración de la nueva sede del colectivo, en las colinas Azabudai de Tokio
  • Sobre estas líneas, una de las alusiones al agua en el nuevo museo del colectivo japonés. A la izquierda, una experiencia con flores. Debajo, el contacto con esos dos elementos
  • Arriba, aves brotan de una de las paredes de teamLab Borderless. A la derecha, la entrada a la exhibición, que se inauguró el viernes 9 pasado
  • La sala de “Vórtice de luz”, donde las transiciones de luces rebotan en un espejo y se reflejan de forma asimétrica

TOKIO (EFE).— El colectivo de arte digital teamLab abrió el viernes 9 pasado un museo en Tokio que sustituirá al que había en Odaiba y que contará con más de 50 obras interrelacionadas, algunas inéditas y otras ya exhibidas en el anterior recinto.

El nuevo teamLab Borderless pretende ser un espacio sin límites creado mediante obras que “deambulan, exploran y descubren”, pues transitan entre salas, se mezclan entre ellas e interactúan con los visitantes.

El fundador del colectivo, Toshiyuki Inoko, espera que el público “viva una experiencia que nunca antes haya vivido y sienta cosas que nunca antes haya sentido”.

Las innovaciones incluyen “Bubble Universe (Universo de burbujas)”, “Microcosmoses: Wobbling Lights (Microcosmos: Luz oscilante)”, “Light Vortex (Vórtice de luz)” y “Megalith Crystal (Cristales megalíticos)”, independientes del resto.

“Universo de burbujas” consiste en una habitación de espejos con numerosas esferas colgando del techo que, en función del movimiento de los espectadores, proyectan luz que se transmite de unas a otras. La estructura es parecida a la que cuenta “Microcosmos: Luz oscilante”, con la diferencia de que en ésta las esferas siguen un circuito y se iluminan de acuerdo con ciclos individuales.

“Vórtice de luz” la protagonizan transiciones de luces que rebotan en un espejo y se reflejan de forma asimétrica, mientras que “Cristales megalíticos” recurre a la oscuridad para explorar la vida y la muerte.

Otro de los trabajos destacados es “En Tea House”, una sala con apenas luz en la que los visitantes pueden tomar una taza de té de la que brotan flores.

El agua centra cuatro obras que se proyectan en un espacio con una cascada que nace en el techo y llega hasta una colina a la que los asistentes pueden subir. Ríos llenan el espacio y esquivan a las personas, que pueden incidir en sus cursos para detenerlos o crear remolinos.

Los asistentes juegan un papel importante en el nuevo museo, pues su interacción influye en las piezas.

De un vistazo

Interacción

Mariposas nacen de los cuerpos de los visitantes, ranas cruzan miradas con ellos y flores de la época surgen cuando se tocan las paredes.

Sin límites

Las figuras que protagonizan las obras transitan por los pasillos que las conectan y los trabajos convergen y se mezclan entre sí para dar la sensación de que no hay límites en el lugar.

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