La tarde fenece y los encarnados colores del horizonte tiñen de naranja intenso la fachada del exconvento franciscano de San Miguel Arcángel, desde mediados del siglo XVI el corazón de la vida espiritual católica de Pueblo Mágico de Maní.
La noche comienza a hacerse presente mientras en el rezo del Rosario de Pésame se suceden los misterios dolorosos correspondientes al Viernes Santo.
Al pie de la imagen de María, en su advocación de la Dolorosa, yace el cuerpo inerte de su Hijo; en torno a ella, la comunidad en recogimiento acompaña el duelo antes de que dé inicio uno de los momentos más solemnes de la jornada, el Cuuch Cruz (cargar la cruz), de especial significado.
En él se evoca un espíritu de penitencia por un grupo de anónimos fieles que traslada una gran cruz alrededor del atrio. Un sincretismo de espiritualidad y tradición que data de los inicios de la evangelización de la comunidad maya, según explicó el párroco Jorge Óscar Herrera Vargas.
En número de 12, en alusión a la figura de los apóstoles, los pecadores confesos recorren descalzos y con el torso desnudo las calles aledañas al exconvento, llevando en los hombros la pesada cruz de madera.
Además de marchar a paso lento, lo hacen con la cabeza cubierta, cual ciega es la fe, y atados de manos y tobillos, atrapados en el pecado.
La flagelación de sus cuerpos durante el trayecto es una referencia al doloroso calvario de Cristo en su andar al Gólgota; en torno suyo los dolientes lamentan su condición de pecadores y ruegan la absolución al tiempo que los tristes cánticos abonan a la atmósfera de dolor y recogimiento que alcanza su momento culmen cuando la tambora anticipa una nueva oleada de flagelos.
Cerca de ellos, un grupo de 12 niños evoca el mismo rito llevando a cuestas una cruz más pequeña. Son niños y adolescentes del catecismo comunitario, que en el futuro mantedrán viva la tradición de siglos en Maní.
Detrás de la cruz avanza a hombros la imagen de la madre de Jesús, vestida de luto y los ojos con lágrimas. El Cuuch Cruz anticipa la procesión de la Marcha del Silencio hasta el cementerio del poblado, donde queda a resguardo toda la noche el féretro de cristal con el cuerpo de Jesús.— Emanuel Rincón
Cuuch Cruz Tradición
El resguardo del féretro finaliza el sábado a las 10 a.m., cuando tiene lugar el Vía Matris.
Acompañamiento
Los padres Jorge Óscar Herrera Vargas, párroco de Maní, y Ángel Gabriel Suárez Hernández acompañaron a los penitentes en su pausado avanzar, apenas roto con una breve escala para hacer una reflexión.
Cambio de ruta
El recorrido no se hizo alrededor del atrio, como es tradición, debido a que muchas personas obstruyeron el paso con motocicletas y automóviles.


