“Todo el pueblo de Dios, ustedes, hermanos sacerdotes, fueron ungidos el día de su Bautismo, en su Confirmación y, especialmente, en su Ordenación Sacerdotal”, expresó el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, durante la Misa Crismal que presidió ayer en la Catedral de Mérida.
La celebración, dedicada de manera especial al sacerdocio ministerial, reunió a unos 200 presbíteros, seminaristas, religiosas y fieles en el templo católico.
En su homilía, el Arzobispo recordó el sentido profundo de la unción, que consagra al sacerdote para predicar la Buena Nueva a los pobres. “En una comunidad del norte de Mérida, durante una misa de Confirmaciones, me cambiaron la frase ‘para anunciar la Buena Nueva a los pobres’ por ‘a los débiles’. Les dije que no tengan miedo a la palabra ‘pobre’, porque así lo dice la Escritura y no debemos cambiarla”, relató.
El prelado explicó que todos los creyentes están llamados a la pobreza de espíritu, a vivir sin apego a los bienes materiales, a compartir con los necesitados y mirar con amor a los más desprotegidos. “La mayoría de los habitantes de esta Arquidiócesis vive en condiciones de pobreza, particularmente en sectores del sur de Mérida y en todas las comisarías del Estado”.
“El sacerdote de Yucatán sirve a los pobres y es un privilegio para él estar con ellos. Sirve a Cristo en la persona de cada uno de los pobres”, enfatizó el prelado, quien animó a los presentes a seguir siendo “peregrinos de la esperanza”.
Durante la ceremonia exhortó a renovar el compromiso pastoral con alegría, generosidad y espíritu sinodal: “La sinodalidad es más que un plan de pastoral; es una actitud del buen pastor que escucha a su rebaño. Los fieles, llenos del Espíritu de Dios, pueden iluminarnos con sus sugerencias, incluso los más sencillos”.
En nombre del pueblo de Dios, agradeció a los sacerdotes su entrega: “Gracias por ser sacerdotes. Gracias por su servicio generoso, por esa entrega que viene del Espíritu. Sigan adelante como peregrinos de esta esperanza, guiando al pueblo que quiere caminar con fe”.
Durante la celebración, los sacerdotes renovaron las promesas que hicieron el día de su Ordenación, ante el Arzobispo y la comunidad arquidiocesana.
En el marco litúrgico también se presentaron los santos óleos —de los catecúmenos, de los enfermos y el Santo Crisma— en crismeras y botellas. El prelado confirmó el Crisma y bendijo los demás aceites: el de catecúmenos, que se utiliza en el Bautismo; el de los enfermos, para quienes padecen problemas de salud, y el Crisma, que se emplea en el Bautismo, la Confirmación y la Ordenación Sacerdotal.
Previamente a la misa, los monseñores Gustavo Rodríguez y Pedro Mena Díaz y Mario Medina Balam, obispos auxiliares, junto con decenas de sacerdotes, participaron en una reflexión sacerdotal en la iglesia de Santa Ana. Posteriormente caminaron en una procesión hasta la Catedral.
Este año, el punto de partida fue modificado por ser Año Jubilar. En años anteriores, esta actividad comenzaba en el templo de Nuestra Señora de la Consolación (Monjas).
A la misa asistieron seminaristas, religiosas y numerosos fieles.— Claudia Ivonne Sierra Medina



