CABANELLES, Girona (EFE).— En Cataluña, el buitre negro (Aegypius monachus) desempeña un papel esencial en el ecosistema como consumidor natural de carroña, pero actualmente solo anidan 19 parejas en todo el territorio, todas en el Pallars Jussà.
El proyecto CustForest, con apoyo europeo, busca revertir esta situación.
Con acciones concentradas en el valle de la Muga, CustForest pretende atraer ejemplares al Pirineo Oriental mediante la instalación de nidos artificiales y figuras que simulan a estas aves. “Se trata de atraer a los ejemplares que pasen por la zona”, afirmó Aleix Millet, de la Fundación Pioneers of our Time.
Marta Josa, del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), explicó que el buitre negro es considerado una “especie paraguas”, ya que su conservación beneficia a numerosos organismos del ecosistema mediterráneo.
Para generar un entorno atractivo para estas aves, se han construido ocho nidos artificiales en árboles robustos. “Los nidos tienen un metro y medio de diámetro”, detalló Francesc Gomes, del Grupo de Apoyo de Montaña del Cuerpo de Agentes Rurales. Además de los nidos, se han instalado figuras de buitres negros para generar un “efecto llamada” visual. “Es una colonia falsa con nidos y figuras”, explicó Millet, con el objetivo de que los buitres crean que ya hay ejemplares asentados en el área.
Gomes añadió que los buitres que sobrevuelan la zona proceden principalmente de Francia. El CREAF, como socio científico, seleccionó los árboles más adecuados para las estructuras sin interferir con la gestión forestal sostenible.
El buitre negro, la mayor ave necrófaga de Europa, mantiene una estrecha relación con el bosque y reutiliza sus nidos, que pueden superar los cien kilos. “Es una especie que encuentra refugio en los árboles más altos y fuertes”, señaló Josa. Además de su función ecológica, estos animales disponen de jugos gástricos capaces de neutralizar bacterias y virus, lo que los convierte en un eficaz “servicio de limpieza” natural.
