La resiliencia es más que resistir, es también aprender a vivir —Boris Cyrulnik

No hay frase que describa mejor lo que sucede al entrar a la galería Art Spot 5443, donde se exhibe “Voluntades de fuego”, una selección de 22 obras cuidadosamente elegidas por el Lic. Rafael Pérez y Pérez. Más que una muestra de arte, esta exposición es una declaración colectiva. Es la forma en la que 19 jóvenes artistas enfrentan, transforman y comparten sus luchas personales a través de la creación.

Desde que uno empieza a recorrer la sala no puede evitar pensar que cada obra es un acto de supervivencia emocional. Algunas están plasmadas con crudeza, otras obligan al espectador a detenerse, observar con atención y dedicarles tiempo para desentrañar la complejidad que contienen.

No hay aquí una narrativa única, pero sí una intención común: usar el arte como puente hacia la empatía. Las piezas no solo narran; sanan, denuncian, provocan y encienden una chispa en quien las observa. A veces esa chispa es incómoda, a veces esperanzadora, pero siempre necesaria.

En tiempos en los que las adversidades parecen ser una constante —tanto en lo social como en lo económico y lo emocional—, resulta imprescindible hablar de resiliencia. Pero no desde lo abstracto o lo motivacional vacío, sino desde lo real: desde quienes la viven, la sienten, la transforman y la plasman en un lienzo o en una fotografía. Aquí, la resiliencia no es una palabra bonita, es una vivencia cruda y, al mismo tiempo, profundamente poética.

Me parece fundamental que esta exposición haya sido impulsada por el Consejo Estudiantil 2025-2027 y que reúna talentos tanto del Cahad-Uady como de la UNAY. Es una muestra de que, si bien son universidades distintas, no tienen por qué competir. Dejar atrás la rivalidad permite que la cultura florezca desde la cooperación.

Cuanto más unidos estemos, mejores resultados podremos lograr.

No se trata solo de darles un espacio a los artistas; se trata de reconocer que estas generaciones tienen mucho que decir. Y su lenguaje —el del arte— puede ser más honesto y certero que cualquier discurso político o institucional.

Recuerdo un artículo del, en ese entonces, Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán (Macay) que decía que el arte es un refugio colectivo. Y sí lo es. Pero también es trinchera, faro y espejo. En “Voluntades de fuego” cada obra es una vela encendida. Y en tiempos de oscuridad, cualquier pequeña llama puede ser la diferencia entre rendirse y seguir.

No puedo cerrar estas líneas sin invitarles a ver la muestra. No por compromiso, sino porque vale la pena escuchar lo que estos artistas tienen que decir sobre la vida, el dolor, la esperanza y la fuerza interna que nos mantiene en pie. Quizás, al final, también encuentres tu propia voluntad de fuego reflejada en alguna de las obras.

En esta exposición participan Fabiola Edmé Matos López, Moon (Valentina Monsiváis), Fernanda Tun Martínez, Diana Cruz, Fernanda Collí, Amanda Yael Martínez Ramírez, Alejandra Graniel, Dayder Humberto Herrera Rubio, Ada García Ramos, Iván Campos, Sakura Anais, Evelyn Sánchez, Santiago Manzanero, Isaac Ayil, Susy Lugos, Aaron Barron, Pepino (Bárbara Montero), Citlali Us e Ilian Quiroz. Cada uno con una voz única y poderosa que en conjunto da forma a este incendio creativo.

Gestora cultural.

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