“Los pobres y necesitados son los preferidos de Cristo”, recordó el obispo auxiliar monseñor Mario Medina Balam durante la misa del 29o. aniversario de fundación de las Misioneras de Cristo Resucitado, celebrada ayer por la tarde. En su mensaje, el prelado destacó la labor que las religiosas realizan al frente del Paipid Mérida (Promoviendo y Reintegrando la Dignidad Humana), institución dedicada a la atención de personas con VIH.
El obispo señaló que el trabajo de las hermanas es ejemplo de entrega y servicio, pues aunque son pocas, atienden a muchos con dedicación y fe. Agradeció a los bienhechores y colaboradores que apoyan esta misión, la cual, dijo, no pertenece solo a la congregación, sino a toda la Iglesia.
Durante la homilía, monseñor Medina Balam exhortó a los fieles a mantener viva la esencia de la Iglesia a través del servicio y la empatía hacia los más necesitados. “Agradecemos al Espíritu Santo, que por medio de estas hermanas nos recuerda cuál es nuestra misión en el mundo. Todos estamos invitados a reflexionar y vivir nuestra vocación como miembros del pueblo de Dios”, expresó.
El prelado pidió también oraciones para que las religiosas continúen fortalecidas en su labor. “Roguemos para que quienes son atendidos por ellas puedan disfrutar del amor de Dios que se manifiesta en su entrega y en la de quienes colaboran con su obra”, añadió.
En su mensaje, el obispo destacó que, aunque 29 años puede parecer poco tiempo para una institución religiosa, el carisma de las Misioneras de Cristo Resucitado es tan antiguo como la Iglesia misma. “Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha sido llamada a servir a los más olvidados, enfermos y necesitados. Este carisma fue hecho vida por la hermana Berta López, fundadora de la congregación, quien encarnó el mandato de Cristo de atender a los más pequeños”, recordó.
El obispo subrayó que la misión de las Misioneras de Cristo Resucitado es ayudar a hombres y mujeres a recuperar y promover su dignidad humana. “Reciben a los olvidados, a los solos, a los enfermos, a quienes necesitan del calor humano y de la esperanza”, expresó.
La celebración coincidió con la festividad de San Rafael Guízar y Valencia, patrono de los obispos de México, lo que el prelado calificó como una coincidencia providencial. Ante decenas de fieles, las tres religiosas que atienden el Paipid renovaron sus votos de pobreza, castidad y obediencia.
Las religiosas que integran la comunidad en Mérida son Adriana del Socorro Ventura Hernández, superiora; Fátima de los Ángeles Flores Mateos y María José de la Cruz Hernández.
Al finalizar la misa, la superiora Adriana Ventura dirigió un mensaje de agradecimiento y entregó al obispo una placa simbólica, acompañada de un ramillete de oraciones y misas en su honor.
La ceremonia fue concelebrada por los sacerdotes Bernabé Cobá Collí, Antonio Escalante Pantoja y Alfredo Escalante Suárez y el diácono permanente Luis Domingo Flores Zamora.
En su intervención, la hermana Adriana Ventura recordó que la congregación fue fundada el 24 de octubre de 1995 en Guadalajara y actualmente tiene presencia en Quintana Roo, Chiapas, Guadalajara, Ecuador, Guatemala y África. Aunque el número de religiosas no supera el centenar, pidió oraciones para que surjan nuevas vocaciones.
Después de la misa se realizó una celebración festiva en la cual las Jóvenes de Corazón de la Escuela Zazil Ha de Oxkutzcab presentaron un cuadro de jaranas.
El Paipid Mérida atiende actualmente a unas tres decenas de personas en sus instalaciones ubicadas en la colonia Guadalupana. El albergue se sostiene gracias al apoyo solidario de la comunidad desde hace más de dos décadas.— CLAUDIA SIERRA MEDINA



