Hablar de sexualidad después de los 60 años sigue siendo, para muchos, un terreno lleno de silencios. Sin embargo, detrás de esos silencios existe una realidad viva, sensible y natural: las personas mayores también desean, sienten y pueden disfrutar de su vida erótica.
Así lo explica la psicóloga y sexóloga Rossana de Guadalupe Achach Cervera, especialista en terapia de pareja e integrante del Centro de Estudios Superiores en Sexualidad (Cessex), quien durante más de dos décadas ha trabajado en la atención, prevención y educación en temas de sexualidad.
“Llegar a determinada edad no significa que las emociones, la necesidad de cariño, afecto o erotismo se acaben”, sostiene Achach Cervera. Y lo dice con autoridad no solamente académica sino vital. “Ya voy a cumplir 60”, comparte sonriente, “y me doy cuenta de que esta etapa está llena de matices que vale la pena reconocer y disfrutar”.
Explica que uno de los grandes mitos en torno a la sexualidad en la adultez mayor es que desaparece el deseo o el placer.
“Nuestra respuesta sexual persiste hasta que morimos. Lo que cambia es la forma en la que el cuerpo responde. Por ejemplo, los hombres pueden tardar más tiempo en lograr una erección, y las mujeres, por la falta de estrógenos en la menopausia, pueden experimentar resequedad vaginal. Pero ambos pueden disfrutar igual, con más calma, con más ternura y con más conciencia del encuentro”, indica.
La clave, dice, está en entender que la sexualidad no se reduce a la penetración, sino que abarca también el contacto, las caricias, los besos, las miradas y el deseo de compartir juntos.
“El orgasmo es una experiencia subjetiva, no solo fisiológica. Sentir placer también es sentirse querido, tocado, escuchado. No se trata de cantidad, sino de calidad”, añade.
La psicóloga Achach Cervera agrega que la sociedad aún arrastra prejuicios, se considera válida la sexualidad solo en la adolescencia, en la juventud o la adultez, cuando existe una posibilidad de reproducción.
“Al salir de esa etapa, pareciera que ya no ‘toca’ hablar del tema. Muchas mujeres piensan que porque ya tuvieron hijos o nietos su vida sexual terminó y eso es completamente falso”.
A esto se suman los miedos y la vergüenza que rodean el erotismo en la tercera edad. “He escuchado preguntas muy sinceras de adultos mayores: ‘¿Y si me duele?’, ‘¿Y si no duro mucho?’. Existe un mundo oculto de dudas, donde se vive el deseo con culpa. Y eso tiene que cambiar”.
En ese sentido, recomienda hablar del tema sin miedo, consultar al médico en caso de padecimientos como hipertensión o diabetes, y buscar acompañamiento terapéutico si surgen inseguridades o limitaciones. “El médico puede orientar sobre lo que es seguro, y el sexólogo puede ayudar a reconectarse con el deseo, con la pareja o incluso con uno mismo”.
La sexóloga subraya que el autocuidado a lo largo de la vida influye directamente en la sexualidad en la vejez. “Si una persona mantiene hábitos saludables, hace ejercicio, come bien y cultiva su bienestar emocional, tendrá menos limitaciones al llegar a los 70 u 80 años”. Pero, además, la actitud juega un papel central: “El deseo sexual es parte del deseo de vivir. Quien tiene ganas de salir, de reír, de compartir, también mantiene encendida su energía erótica”.
Un acto de comunicación
En cuanto a la culpa que a veces experimentan las personas devotas a alguna religión, la psicóloga Achach Cervera recuerda que la sexualidad no tiene solo un fin reproductivo, sino también uno afectivo, de comunicación y bienestar. Por ello, vivirla con plenitud no es un pecado ni un riesgo, siempre teniendo en cuenta el respeto, la salud y el consentimiento mutuo.
Otro punto importante es romper con los estereotipos de belleza. “Aunque los cuerpos cambien, los cuerpos sienten. Las arrugas, las canas o los pechos caídos no anulan la capacidad de disfrutar. La belleza está en la mirada del otro, no en los moldes que nos impone la cultura”, reflexiona.
Respecto a las personas adultas mayores de la comunidad LGBTq+, Achach Cervera señala que los mitos son los mismos, pero se enfrentan además a una doble invisibilización. “Si ya cuesta hablar de la sexualidad de los mayores, menos aún se habla de la sexualidad de los mayores homosexuales. Faltan espacios donde se reconozca su existencia y su derecho a amar”.
Antes de terminar la conversación, la especialista deja un mensaje que vale para todos: “El erotismo no se extingue con la edad. La capacidad de sentir, de acariciar y ser acariciado es una necesidad humana que dura toda la vida. Hay que permitirse vivirla, con libertad, ternura y curiosidad”.
Disfrutar la sexualidad en esta etapa es un ejercicio de amor propio y reconocimiento del cuerpo que se tiene hoy. “La vida puede seguir siendo plena, y el placer, un motivo más para celebrarla”.
