La Virgen de Guadalupe, una de las joyas de arte sacro

Por Carlos F. Cámara Gutiérrez

En la península de Yucatán, se teje un vínculo profundo entre los devotos y su fe inquebrantable en la Virgen de Guadalupe, símbolo de unidad y esperanza, y un incipiente pero vibrante culto a su hijo más querido, San Juan Diego.

La doctora Ella Fanny Quintal Avilés, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), destaca la relevancia de esta devoción en la región, particularmente en las peregrinaciones que cada año congregan a antorchistas de diversas comunidades que, a pie, corriendo o en bicicleta, llegan al santuario de la Guadalupana en la iglesia meridana de San Cristóbal.

En su evocadora descripción, señala: “Este fenómeno, el antorchismo, se manifiesta especialmente entre jóvenes que, acompañados de fe y agradecimiento, hacen de esta travesía un acto de amor hacia La Morenita del Tepeyac”.

Por su parte, monseñor Pedro Sergio Mena Díaz, obispo auxiliar de Yucatán, añade un matiz espiritual invaluable al resaltar el vínculo entre la Virgen de Guadalupe y San Juan Diego, enfatizando que “el acontecimiento guadalupano no es un mero capricho de la Virgen, sino una intervención divina que busca ofrecer amor y esperanza a través de Jesucristo”.

YouTube video

El antorchismo guadalupano como expresión de identidad y devoción

Las voces de los devotos resuenan con fuerza, y tres testimonios reflejan la gracia y los milagros que la Virgen de Guadalupe y San Juan Diego han otorgado.

Para la doctora en Antropología del Centro INAH Yucatán, la devoción a la Virgen de Guadalupe se manifiesta como un hilo conductor que une corazones y fortalece la identidad de su gente. Esto resalta la profundidad de esta fe, visible en la figura de los antorchistas, quienes, impulsados por una promesa, emprenden un viaje que trasciende lo físico, convirtiéndose en un verdadero acto de amor y entrega.

“Las peregrinaciones hacia el santuario guadalupano en la iglesia de San Cristóbal son una de las celebraciones marianas más relevantes de la región. En la víspera o cada 12 de diciembre, jóvenes y adultos, a pie, en bicicleta o corriendo, salen de sus comunidades. Esta práctica, conocida como antorchismo guadalupano, no sólo es un testimonio de la fe, sino una expresión de esperanza y unidad”, considera.

Retablo de la iglesia de San Cristóbal de Mérida

Al llegar al templo, agrega que los peregrinos oran por la Virgen. El sacerdote los recibe, descansan y regresan a sus lugares de origen, envueltos en un manto de júbilo y satisfacción por la promesa cumplida. “El recibimiento, lleno de aplausos en sus comunidades, es más que una celebración, es un tributo a su esfuerzo, un reconocimiento a su devoción”.


La devoción guadalupana más allá de las fronteras

El apego a la Guadalupana no se limita a las fronteras de México, su luz trasciende, uniendo a migrantes en Estados Unidos en ceremonias que llenan el aire de espiritualidad y amor, explica la experta en el estudio de santos y fiestas patronales.

“En Yucatán, este fervor se expresa no sólo a través de misas y procesiones, sino también mediante el fenómeno del antorchismo, que se convierte en una celebración colectiva de identidad y pertenencia”, enfatiza.

Esta compleja relación con la Virgen de Guadalupe va más allá de lo religioso. La doctora Quintal subraya que el color de su piel, que refleja la herencia mexicana, permite una identificación emocional profunda. La figura de La Morenita se erige como un ícono de la identidad mexicana, simbolizando tanto la fe como el legado cultural de un pueblo que encuentra en ella un reflejo de sí mismo.

“A través de los años, el culto a la Virgen de Guadalupe ha evolucionado, amalgamando elementos de religiosidad y emociones; y, aunque parezcan ajenos a la política, también es una reafirmación de la identidad nacional. En cada oración y en cada paso hacia el santuario, los peregrinos no sólo cumplen una promesa: reafirman su ser como mexicanos y confirman su conexión con una madre que los acoge y protege”, apunta la especialista.

Pintura de Juan Diego con la Virgen de Guadalupe, sobresale en la parte superior del retablo del templo San Miguel Arcángel de Maxcanú

San Juan Diego y la intervención divina en la historia guadalupana

El vínculo glorioso entre la Virgen de Guadalupe y San Juan Diego, descrito por monseñor Pedro Sergio de Jesús Mena Díaz, obispo auxiliar de Yucatán, es una prueba de la intervención divina en la vida de los hombres.

“Este acontecimiento, que no es mero capricho de la Virgen, sino una voluntad de Dios, nos muestra cómo Él elige a sus mensajeros, a sus instrumentos. En el corazón de este relato resplandece el amor de Dios que, a través de Santa María, se hace presente entre nosotros, señalando siempre hacia su hijo, Jesucristo”, expone.

“Cuando la Guadalupana invita a Juan Diego a construir una ‘casita sagrada’, un lugar del amor celestial. Él, en su humildad, expresa su indignidad y su deseo de que alguien más preparado lo haga. Sin embargo, la Virgen le dice que su elección es divina. Así, a través de su ayate, ocurre el milagro que marca nuestra fe. Juan Diego se convierte en el canal de la primera evangelización y testigo del amor y la misericordia de Dios”, reitera el Prelado.

Monseñor Mena Díaz recuerda que la devoción por La Morenita perdura en la península de Yucatán hace centurias. Desde que, en el siglo XVIII, los frailes franciscanos comenzaron a promover la veneración en el desaparecido Convento Grande de San Francisco, hasta la creación de la iglesia dedicada a la Virgen de Guadalupe en el barrio meridano de San Cristóbal.

Campanas de la Catedral de Mérida y de la iglesia de Monjas. Una de las campanas, la mayor, que en 1980 se adquirió a instancias del entonces arzobispo Castro Ruiz, se dedicó a Santa María de Guadalupe.

Historia, arte sacro y permanencia del culto en Yucatán

“Imágenes de Juan Diego, como la que se exhibe en el retablo de la iglesia de Maxcanú, refuerzan la importancia de su culto, recordando a todos que él también es un santo que intercede ante Dios”, afirma el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Yucatán.

“El fervor guadalupano ha crecido a lo largo de los años, siendo un pilar de la espiritualidad de nuestro pueblo. La Virgen María, que se manifiesta en distintas advocaciones, aquí en Guadalupe se muestra como una madre cálida y atenta a nuestras súplicas. Ella escucha nuestras oraciones y agradecemos por los favores recibidos. La tilma de Juan Diego no sólo es una obra de arte, sino un mensaje de la cercanía divina”, concluye monseñor Mena Díaz.

Las revelaciones de tres fieles llegan a los corazones de quienes buscan pruebas o favores de la Virgen de Guadalupe y San Juan Diego.

Lilia Puerto, estilista cosmetóloga, comparte con emoción: “La Virgen de Guadalupe me ha hecho muchos favores. Al nacer mi segunda hija, nos dijeron que una de las dos podría morir. Nos encomendamos a la Virgen y, milagrosamente, ese día las dos nos salvamos”.


Testimonios de fe y gratitud

Guillermo de Jesús Cetina Burgos, licenciado en Derecho, rememora: “Durante la visita a México de Juan Pablo II en 2002, mi hermanita cayó a un pozo y salió ilesa. Hoy es una mujer de bien y madre de un hijo. Todo se lo debo a la Guadalupana y a San Juan Diego”.

Finalmente, Felipe de Jesús Canul Canul, sacristán en la capilla de San Juan Diego, en la colonia Vicente Solís, confiesa: “Mi familia es un gran milagro de la Virgen de Guadalupe”.

Así, la luz de la Virgen de Guadalupe brilla intensamente en las almas de quienes viven la fe con intensidad, uniendo tradiciones, promesas y esperanzas en la tierra peninsular.- Carlos F. Cámara Gutiérrez.


Joya No. 77

Vírgenes de Guadalupe del Seminario Conciliar, Catedral de Mérida e iglesia de Lourdes

Ubicación

El primer cuadro de la Guadalupana está resguardado en el templo catedralicio, en el corazón del Centro Histórico. El otro, en la Sala “Mons. Manuel Castro Ruiz” del Seminario Conciliar (calle 18 con 17, Itzimná) y el último, en el interior de la sede parroquial de Lourdes, en el cruce de las calles 65 con 38, todos en Mérida. 

Período de elaboración

Los cuadros de la Catedral y el Seminario datan de 1762; el de la iglesia de Lourdes se plasmó a mediados de la década de 1950. 

Características más relevantes

Las imágenes guadalupanas de la Catedral y el Seminario son de las contadas pinturas de Miguel Cabrera que se conocen en Yucatán. La del templo de Lourdes, en tonos pastel, es obra del artista local Pedro Cardeña Alpuche. 

Fiesta patronal

La celebración en honor de la Virgen de Guadalupe se lleva al cabo el 12 de diciembre.

YouTube video

Joyas del arte sacro de la península de Yucatán

Dos días después de la celebración en honor a la Virgen de Guadalupe (12 de diciembre), en prácticamente toda la geografía nacional e incluso en el extranjero, y a cuatro de la fiesta de San Juan Diego (9 de diciembre), en la península de Yucatán todavía vibra la luz de la fe en estas dos deidades, presentes en el proyecto “100 joyas del arte sacro de la península de Yucatán”.

  • La joya número 34. Retablo de la iglesia de San Cristóbal de Mérida, cobija en el nicho central del primer cuerpo la venerada imagen de la Virgen de Guadalupe y a San Juan Diego, hincado a su lado. Se registra en el apartado I. Retablos de las iglesias de la categoría b) Esculturas en madera y piedra.
  • La joya número 36. Retablo de la iglesia de Maxcanú. En la parte central del tercer cuerpo destaca un óleo de Juan Diego que sostiene en su tilma la imagen de la Virgen Morena. Según el doctor Cuauhtémoc Fernando Garcés Fierros, la pintura tiene todas las características de ser obra de Miguel Cabrera. El altar mayor también se considera en el primer apartado de la categoría b) Esculturas en madera y piedra.
  • La joya número 77. Vírgenes de Guadalupe en la Catedral de Mérida, el Seminario Conciliar y la iglesia de Lourdes, que corresponden a la categoría c) Cuadros o pinturas, también honran a la Madre de Dios en su advocación de La Morenita. Los dos primeros óleos de la Guadalupana, del pincel del artista novohispano Miguel Cabrera, datan del siglo XVIII. La tercera pintura, es de la autoría del creador yucateco Pedro Cardeña Alpuche, en 1950.
  • La joya número 85. Pintura de Juan Diego con la Virgen de Guadalupe, sobresale en la parte superior del retablo del templo San Miguel Arcángel de Maxcanú. De acuerdo con testimonio de monseñor Pedro Sergio Mena Díaz, obispo auxiliar de Yucatán, el extinto tercer arzobispo de Yucatán, Manuel Castro Ruiz, la tomó como evidencia del culto al vidente de la Virgen de Guadalupe durante su proceso de canonización. El tesoro religioso también corresponde a la categoría c) Cuadros o pinturas del proyecto multiplataforma.
  • La joya número 88. Campanas de la Catedral de Mérida y de la iglesia de Monjas. Una de las campanas, la mayor, que en 1980 se adquirió a instancias del entonces arzobispo Castro Ruiz, se dedicó a Santa María de Guadalupe. Este dato se cita en la categoría d) Objetos litúrgicos.

100 joyas del arte sacro de la península de Yucatán | Mapa


¿Cómo adquirir “100 joyas del arte sacro de la península de Yucatán?

Los productos de “100 joyas del arte sacro de la península de Yucatán” se pueden adquirir en:

CLUB DIARIO DE YUCATAN

COPPEL EN LINEA

MERCADO LIBRE

*Próximamente en: Amazon, Librerías Dante y Aeropuerto de Mérida

Precios

Edición Limitada en Español – Pasta dura – Ya disponible

  • Precio regular $1,600.00
  • Precio Suscriptor Diario de Yucatán $1,449.00

Edición Estándar en Español – Pasta blanda – Ya disponible

  • Precio regular $749.00
  • Precio Suscriptor Diario de Yucatán $649.00