César Gordillo Mena, presidente del Club Rotario de Mérida, dirige unas palabras en presencia del gobernador de Distrito, Gerardo Corres Tenorio, y de Trovanova, anteanoche en el Palacio de la Música
César Gordillo Mena, presidente del Club Rotario de Mérida, dirige unas palabras en presencia del gobernador de Distrito, Gerardo Corres Tenorio, y de Trovanova, anteanoche en el Palacio de la Música

Con la música en pleno, el Club Rotario de Mérida abrió anteanoche el primer capítulo de los festejos de su centenario. Una celebración compartida con el público, en la que la bohemia se convirtió en lenguaje común.

La Sala de Conciertos del Palacio de la Música fue el escenario elegido para este inicio simbólico de cien años de servicio, fraternidad y vocación social, con un concierto de Trovanova que terminó por convertirse en una experiencia colectiva, de las que se recuerdan por lo que se escucha y mucho más, por lo que se siente.

A las ocho en punto las luces se atenuaron y en el escenario aparecieron Iván Ku Rodríguez, David Solís Barroso, Roger Cantillo Parra y Ángel Concha, integrantes de Trovanova, ataviados con elegantes guayaberas negras adornadas con flores de colores. Bastaron los primeros acordes para marcar el tono de la velada. “La puerta”, del compositor yucateco Luis Demetrio, fue la pieza con la que arrancó el concierto y también la llave que abrió la complicidad inmediata del público. Al principio, los asistentes tarareaban en voz baja; minutos después, la sala entera cantaba con entrega, como si cada canción formara parte de su propia historia.

La noche avanzó entre temas entrañables y homenajes bien cuidados a grandes compositores locales, nacionales e internacionales. En ese recorrido musical, Trovanova rindió tributo no solo a la canción romántica, sino también al Club Rotario de Mérida, que ayer cumplió cien años de haberse fundado como el primer club rotario del sur de México. La música, como se repetiría más tarde desde el escenario, fue el punto de encuentro perfecto para celebrar una historia construida a partir del servicio.

Sonaron “Un tipo como yo”, de Sergio Esquivel, y “Contigo aprendí”, de Armando Manzanero, interpretaciones que despertaron aplausos prolongados y miradas cómplices entre los asistentes.

Uno de los momentos más emotivos llegó con “Flor de azahar”, con letra de Manuel Montes de Oca y Espejo y música de Santiago Manzanero. La pieza, cargada de nostalgia, fue dedicada a la maestra Loreto Villanueva Trujillo, presente entre el público, quien agradeció el gesto con mucha alegría. La sala pareció detenerse por un instante, envuelta en ese aire de recuerdo y gratitud tan propio de la trova yucateca.

El repertorio continuó con “México en la piel”, conocida popularmente por la versión de Luis Miguel, pero reinterpretada por Trovanova con arreglos propios y un toque lúdico que arrancó sonrisas y vítores.

El viaje musical cruzó fronteras hasta llegar a Cuba con “Quizás, quizás, quizás”, de Osvaldo Farrés, y luego regresó al sur de México con “Frenesí”, de Alberto Domínguez Borrás. Para entonces, la sala completa cantaba, acompañaba con palmas y se dejaba llevar por una atmósfera festiva que crecía con cada tema.

Tras un breve intermedio, el escenario dio paso a las palabras. El actual presidente del Club Rotario de Mérida, César Gordillo Mena, tomó el micrófono para dar la bienvenida a socios, familias y público en general, y para marcar el sentido de la celebración. Recordó que fue un 10 de enero de 1926 cuando un grupo de hombres decidió traer al sur de México los valores del rotarismo, inspirados en ideales de servicio, trabajo y compromiso comunitario. Cien años después, dijo, ese legado sigue vivo y proyectándose hacia el futuro.

Gordillo Mena explicó que iniciar los festejos con un concierto no fue casualidad. La música, señaló, comparte con Rotary un valor esencial: su carácter universal. No entiende de lenguas, diferencias, religiones ni ideologías, y lo mismo ocurre con el movimiento rotario, presente en distintos países y culturas.

Este primer acto del centenario, añadió, es una invitación a mirar hacia atrás con orgullo por lo construido, pero también a mirar hacia adelante, como el inicio de un nuevo capítulo para Rotary en Yucatán y en esta parte del mundo.

El gobernador de Distrito, Gerardo Corres Tenorio, subrayó el carácter emblemático del Club Rotario de Mérida dentro del distrito y no escatimó en elogios para la noche musical. Con una frase que provocó risas y aplausos, afirmó que, así como para comer pasta hay que ir a Italia y para beber buen vino hay que ir a Francia, para escuchar trova y esta música tan bella hay que venir a Mérida.

Agradeció a Trovanova por la energía y la emoción compartida, y destacó que el club fundado en Mérida dio origen a los 91 clubes que hoy conforman el distrito, un número histórico que, dijo, aspira a llegar a cien como homenaje al club decano.

Corres Tenorio recordó también el llamado del presidente internacional de Rotary, Francesco Arezzo, a mantenerse unidos para hacer el bien, y señaló que esta celebración representa precisamente eso, unión, fraternidad y trabajo conjunto. Agradeció la presencia de rotarios provenientes de siete estados, así como el respaldo de las autoridades estatales y del Palacio de la Música por facilitar el recinto para una noche que conjugó arte y vocación social.

Con los discursos concluidos, la música retomó su cauce, ahora con un ánimo aún más festivo. Llegaron “Piel canela” y un popurrí de Armando Manzanero que incluyó “No sé tú” y “Por debajo de la mesa”, coreadas de principio a fin. El ambiente se transformó en pista de baile con “El bodeguero” y la energía se desbordó con fragmentos de “Corazón de melón”, “Me voy pa’l pueblo”, “De dónde son los cantantes”, “Cuéntame qué te pasó” y “La boa”, con la que el público respondió de pie, entre palmas y risas.

La despedida formal llegó con “Quién será”, nuevamente de Luis Demetrio, cerrando el círculo con el compositor yucateco que abrió la noche. Pero el entusiasmo no permitió un final definitivo. Ante la insistencia del público y de los rotarios, Trovanova regresó al escenario para un último tema que terminó por desatar el baile colectivo: “El Noa Noa”. Fue el broche perfecto para una velada que combinó memoria, celebración y alegría compartida.

Fue así como entre canciones que atraviesan generaciones y palabras que recordaron el sentido del servicio, el Club Rotario de Mérida dio inicio a los festejos de su centenario. Una gran noche musical que celebró cien años de historia y reafirmó la vigencia de un proyecto humano que, como la música, sigue encontrando nuevas formas de unir, conmover y convocar.

Al finalizar llegó el momento de convivir con bocadillos y bebidas para todos.— Darinka Ruiz Morimoto

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