Una pieza escénica que se mueve entre la memoria, el cuerpo y los objetos, y que propone una mirada poco reconocida dentro de las artes escénicas —la de los intérpretes que transitan entre los 50 y 60 años de edad—, es lo que propone “Cortar anclas (Danzas para la purificación)”, de Érika Torres, que se presenta esta semana en el Mérida Fest 2026.
Creada como una experiencia sensorial más que como un relato lineal, la obra invita al público a reconocerse en escenas que dialogan con el paso del tiempo, las transformaciones personales y aquello que se decide soltar.
Torres explicó a Diario de Yucatán que la pieza forma parte de un proyecto mayor titulado “Danzas para la vida”, una investigación escénica que aún no concluye y que está dedicada a distintas etapas de la vida.
La primera pieza fue “Mareas y arroyos”, enfocada en las primeras infancias; posteriormente presentó “Cuando el viento aúlla”, hecha como un ritual de paso para niñas de 10 a 12 años, y ahora llega “Danzas para la purificación”, centrada en una edad que definió como “huérfana” en el panorama escénico.
“Es una investigación escénica que se despliega desde el cuerpo como un territorio de memoria”, señaló.
Torres explicó que, a partir de los 40 años, “comienza a suceder que comenzamos a ser cada vez más nosotros mismos”, pero al mismo tiempo es una etapa para la que casi no se crean propuestas, ni para intérpretes ni para públicos. “Se brinca, porque es para adultos o después para personas de la tercera edad”.
También se hizo énfasis en que “Danzas para la purificación” no tiene un sentido religioso, sino que refiere a “la purificación de todo lo que no nos sirve”, a quitarse las anclas y asumir quiénes somos “con todo el poder de lo que somos”. En ese proceso, dijo, está presente la idea de que construir implica destruir, y de asumir las consecuencias que puede traer una etapa marcada por el aislamiento o los cambios profundos entre los 50 y 60 años.
Los artistas
La obra está construida a partir de cinco solos, a cargo de artistas con trayectorias y formaciones distintas. Cada personaje está ligado a un mueble u objeto y atraviesa una obsesión particular.
Raymundo Becerril, actor, bailarín y mimo, interpreta a Arcadio, “el hombre de la mesa”, un personaje marcado por la obsesión con el tiempo. El segundo solo es con Pável Escareño Torres, con formación en acrobacia, teatro físico y danza, quien interpreta a Eusebio, “el hombre del sillón”.
Ambos intérpretes, originarios de Ciudad de México y radicados en Mérida, trabajan por primera vez bajo la dirección de Torres. Sobre este segundo personaje, la creadora adelantó poco, al señalar que se trata de “una sorpresa muy grande”.
La tercera intérprete es Alejandra Argoytia, actriz y bailarina yucateca formada en Ciudad de México, a quien Torres dirige también por primera vez. De ella, destacó su perfil interdisciplinario como parte de la búsqueda que atraviesa la obra. En la cuarta interpretación se encuentra Diana Ríos, actriz y bailarina originaria de Ciudad de México y radicada en Querétaro, quien participa como invitada especial para esta creación. Ríos interpretará a Matilde, “la mujer de la daga y la espada”, un personaje que representa a la creadora y que es quien da la bienvenida al público antes de desarrollar su propio solo.
La quinta intérprete es Leticia Ayora, quien encarna a Olaya, “la mujer del ropero”. Compañera de Érika Torres desde los inicios de su formación. Formó parte del Grupo Experimental de Danza Contemporánea, considerado pionero de este género en Yucatán. Después de hacer una pausa en su carrera, “Cortar anclas” marca su regreso a los escenarios, lo que Torres definió como “una bienvenida significativa”.
La obra tendrá música original de Pedro Carlos Herrera, quien estará presente en el piano, acompañado por Mario Domínguez en el clarinete y Mafer Chi en la percusión. La música está basada en ritmos de las décadas de 1940 y 1950, como el danzón y la habanera, pero con un tratamiento contemporáneo “que busca detonar memorias en el espectador”.
Además de la música en vivo, se incorporará en escena una instalación visual que mostrará muebles antiguos o usados, así como poesía surrealista hablada.
En el proceso creativo y de producción, Érika Torres estuvo acompañada por un equipo cercano y de larga trayectoria. Su compañero de creación desde hace 20 años es Luis Martín Solís, quien participa como asesor de teatro, iluminador y productor de la obra. Por segunda ocasión, el diseño de vestuario está a cargo de Victoria Bersaba, mientras que la imagen de la obra fue desarrollada por Mariana Magdaleno.
En la asistencia técnica se encuentran Anahí Alonso y Antonella Ramírez — participando en el levantamiento y registro de la coreografía—, como parte de un ejercicio de acompañamiento a las nuevas generaciones interesadas en la creación escénica.
El estreno será pasado mañana sábado, a las 6 de la tarde, en el patio central del Olimpo. Habrá una segunda función el domingo 18, a las 5 de la tarde, en el mismo lugar. La obra podrá presenciarse a nivel de piso y desde los balcones del patio central, ofreciendo distintas perspectivas al espectador.— Karla Cecilia Acosta Castillo
