Hace unos días disfrutamos “Cortar anclas. Danzas para la purificación” de nuestra querida amiga Erika Torres. Es una obra que considero como un homenaje a las y los actores, presentes y ausentes; a los primeros les recuerda que el ánimo, el humor como la pasión y el romance no son características exclusivas de los jóvenes.
“Cortar anclas” es una manera muy especial de llamar la atención de creadores y artistas de su generación, en la que recomienda continuar haciendo lo que les gusta y seguir deleitando a su público; eso sucedió aquella noche, nos deleitó verlos actuar.
Me permito decirle a Erika que, como ustedes los actores, nosotros su público también atravesamos ese momento de la vida “con todo lo que trae: memoria, cansancio, deseo, humor, preguntas, fuerza”.
En ese sentido, al escuchar sus voces gozando la excelente música y danza nos transmitieron algo muy alentador, algo que anima, alegra el alma. Y no es porque yo padezca desaliento, falta de ánimo o tristeza; más bien, contribuyeron a reafirmar la voluntad de continuar nuestros esfuerzos por lograr espacios pertinentes, constructivos, benéficos, justos y reconfortantes para la mayor parte de la gente.
Excelente y simbólica su danza, los movimientos realizados con fuerza, flexibilidad y equilibrio, no solo animaron, activaron seguramente a muchos de los presentes considerando que existen muchas y diferentes maneras de seguir activos.
La ovación que recibieron al término de “Cortar anclas” es algo merecido y en especial para Erika Torres como una destacada investigadora y directora cumpleañera. ¡Bien por el título! “Cortar anclas” hay que hacerlo cuando éstas impiden seguir nuestra búsqueda de la felicidad.
Va nuestro reconocimiento a los artistas en escena, por sus palabras, su danza, música y a quienes se encargaron de la parte técnica.
