Sopas, caldos y platillos con verduras, leguminosas, pollo y pescado mantienen el calor corporal, facilitan la digestión y aportan nutrientes
Sopas, caldos y platillos con verduras, leguminosas, pollo y pescado mantienen el calor corporal, facilitan la digestión y aportan nutrientes

En Yucatán, el invierno no siempre se anuncia con frentes fríos prolongados ni temperaturas extremas durante el día. La particularidad del clima en la región está en los contrastes: mañanas frescas, tardes cálidas y, al caer la noche, un ambiente mucho más frío y húmedo.

Para las personas maduras y adultas mayores, estos cambios bruscos representan un reto para la salud, especialmente si se combinan con alimentación inadecuada.

La doctora Lucía Cordero Ruz, especialista en nutrición del adulto, explica que, con el paso de los años, el cuerpo pierde parte de su capacidad para regular la temperatura interna y responder con la misma eficacia a los cambios ambientales.

A ello se suma un sistema inmunológico más vulnerable, lo que incrementa el riesgo de infecciones respiratorias, deshidratación y descompensaciones en enfermedades crónicas como la diabetes y la hipertensión.

En este contexto, la alimentación es una herramienta clave para proteger el organismo durante la temporada invernal.

Uno de sus principales consejos es optar por comidas tibias y reconfortantes, especialmente por la noche y en las primeras horas del día. Sopas, caldos y guisos elaborados con verduras, leguminosas y proteínas magras no solo ayudan a mantener el calor corporal, sino que también facilitan la digestión y aportan nutrientes esenciales. En el caso de Yucatán, estos platillos pueden adaptarse a la cocina local, integrando ingredientes tradicionales como calabaza, chayote, lentejas, frijol, pollo y pescado, preparados de forma sencilla y con bajo contenido de grasa.

El consumo de cereales calientes, como la avena, es una recomendación para el desayuno, ya que aporta energía sostenida y fibra, beneficiosa para el tránsito intestinal, un aspecto que suele verse afectado con la edad.

A lo largo del día, las infusiones y bebidas calientes cumplen una doble función: brindar sensación de bienestar y contribuir a una adecuada hidratación, que muchas veces se descuida durante el invierno al disminuir la sensación de sed.

Cordero Ruz subraya la importancia de fortalecer el sistema inmunológico a través de la alimentación. Las frutas ricas en vitamina C, como la naranja dulce o china, la mandarina, la toronja y la guayaba, resultan especialmente valiosas en esta temporada. También se recomienda incluir alimentos con grasas saludables, como pescados ricos en omega 3, semillas y nueces, que ayudan a reducir procesos inflamatorios y favorecen la salud cardiovascular.

Para el cuidado de los huesos, el calcio y la vitamina D siguen siendo fundamentales, por lo que se sugiere mantener el consumo de lácteos, huevo y alimentos fortificados, además de aprovechar la exposición moderada al Sol durante el día.

En un clima como el de la región, donde el calor puede persistir varias horas, los cambios de temperatura suelen pasar inadvertidos hasta que aparecen molestias como dolor de garganta, resfriados o cansancio.

A evitar

Por ello, la médica recomienda evitar alimentos excesivamente fríos durante la noche, cuando el cuerpo se prepara para el descanso y la temperatura ambiental desciende. Tener horarios regulares de comida ayuda a estabilizar niveles de energía y al buen funcionamiento del sistema digestivo.

La alimentación, sin embargo, no actúa de forma aislada. Los médicos recuerdan que es indispensable complementarla con otros cuidados básicos, como una adecuada hidratación, la vacunación contra influenza y neumococo en personas mayores de 60 años, y la práctica de actividad física ligera, adaptada a las capacidades de cada persona. Caminar dentro de casa, realizar estiramientos suaves y ejercicios de movilidad contribuyen a una mejor circulación y bienestar general.

En opinión de la especialista, escuchar al cuerpo es una de las mejores estrategias en invierno. Sensación constante de frío, cansancio excesivo, pérdida del apetito o cambios en el estado de ánimo pueden ser señales de alerta que no deben ignorarse. Una alimentación balanceada, cálida y suficiente puede marcar la diferencia entre atravesar la temporada sin contratiempos o enfrentarse a complicaciones de salud.

Así, en un invierno que no siempre se siente como tal, pero que se manifiesta en las noches y madrugadas, la mesa se vuelve un espacio de cuidado y prevención. Para las personas maduras y adultas mayores, comer bien no solo es una cuestión de nutrición, sino una forma cotidiana de proteger su salud y mantener la calidad de vida frente a los cambios del clima.— Darinka Ruiz Morimoto

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