El arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, impone la ceniza durante la misa de ayer
El arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, impone la ceniza durante la misa de ayer

Con la imposición de la ceniza, la Arquidiócesis de Yucatán arrancó el santo tiempo de la Cuaresma. Durante la solemne misa del Miércoles de Ceniza, celebrada ayer a las 8 a.m. en la Catedral, el arzobispo monseñor Gustavo Rodríguez Vega recordó que este signo representa humillación y reconocimiento de los pecados y de la pequeñez humana.

El prelado explicó que la ceniza es un signo que proviene del Antiguo Testamento. Citó el texto de la primera lectura en que el profeta Joel convoca a todos, incluso a los más pequeños, al ayuno, la oración y el arrepentimiento, acompañados del gesto de la ceniza sobre la cabeza, práctica que la Iglesia ha continuado a lo largo de los siglos.

Desde sus inicios, añadió, los cristianos celebraban ante todo la Pascua del Señor, la principal fiesta que da sentido a todas las demás celebraciones. Cada domingo es Pascua de Cristo y cada Eucaristía, cada misa, es también Pascua. Asimismo, cada celebración de un santo o de la Virgen María es expresión de la Pascua de Cristo en una persona determinada.

“Todo en la vida de la Iglesia es Pascua”, subrayó a los asistentes. En ese contexto, indicó que la Cuaresma es un camino hacia la Pascua, una gran preparación que originalmente estaba destinada a quienes se preparaban para recibir el bautismo. En los primeros siglos, los catecúmenos se formaban durante años antes de ser bautizados.

El Arzobispo afirmó que, a diferencia de la actualidad, cuando algunas personas se quejan por asistir a una o dos pláticas prebautismales, los primeros cristianos se preparaban durante largos períodos. Aunque la mayoría eran adultos, también se bautizaba a niños, pues se incorporaban familias enteras a la fe.

El último tramo de esa preparación consistía en 40 días intensos de ayuno, oración y limosna. Todos eran bautizados en la Pascua, como signo de renacimiento en Cristo el día en que se celebra la Resurrección del Señor. Con el tiempo, todos los cristianos se unieron a esta práctica cuaresmal: mientras unos recibían el bautismo, los demás renovaban sus promesas bautismales.

En la actualidad, aunque hay bautismos cada semana, la Vigilia Pascual sigue siendo un momento oportuno para que los adultos no bautizados reciban el sacramento y para que todos los fieles renueven su compromiso bautismal.

El prelado recordó que la Cuaresma es también imitación de Jesucristo, quien pasó 40 días en el desierto preparándose para su misión y se enfrentó a la tentación del demonio, al que venció mediante la oración y el ayuno.

El ayuno, continuó, es una práctica presentada por Jesús en el Evangelio de San Mateo y mandada por la Iglesia para el tiempo cuaresmal, aunque cada cristiano puede realizarla en cualquier momento del año. Exhortó a no minimizar el precepto eclesial ni el mandato de Cristo.

“Hay quienes dicen: hay que ayunar, pero de criticar o de otras cosas. Eso también es válido, pero el ayuno de carne fortalece el espíritu para no pecar de ninguna manera”, expresó.

Asimismo, pidió que las prácticas cuaresmales se realicen con discreción, tal como lo recomienda Jesús: sin ostentación, para que el Padre, que ve en lo secreto, recompense. Señaló que una tentación frecuente es buscar que los demás noten lo que se posee, se compra o se sabe, pero ante Dios la presunción no es correcta.

“El Señor nos quiere humildes y, en estas prácticas espirituales, debe haber absoluta humildad”, afirmó. Pidió que Dios ayude a los fieles a vivir la Cuaresma y obtener de ella los mejores frutos, y que María acompañe este camino para llegar a la Pascua renovados y dispuestos a una vida nueva.

Al término de la homilía, el Arzobispo bendijo la ceniza que posteriormente fue impuesta en la frente de los asistentes.

“Señor Dios, que te apiadas de quien se humilla y te muestras benévolo con quien se arrepiente, inclina tu oído a nuestras súplicas y derrama la gracia de tu bendición sobre estos siervos tuyos que van a recibir la ceniza, para que, perseverando en las prácticas cuaresmales, merezcan llegar con la conciencia purificada a la celebración del misterio pascual de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén”, pronunció.

Monseñor Gustavo Rodríguez recibió la ceniza de manos del obispo auxiliar Mario Medina Balam, quien a su vez la recibió del propio Arzobispo, en un gesto litúrgico. La celebración fue concelebrada por el presbítero Juan Pablo Moo Garrido, rector de la Catedral; el canónigo Alberto Ávila Cervera y el diácono permanente Fernando Bermejo Salmerón.— Claudia Sierra M.

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