Cuando Naomi Smallwood notó que su bebé dormía demasiado, acudió al hospital. Los doctores le dijeron que su hijo estaba saludable. Sin embargo, su instinto la llevó a buscar otra opinión y a descubrir que su bebé estaba a punto de morir por un defecto cardíaco congénito.
Tras dos días de haber dado a luz, Smallwood habló con sus parteras porque su hijo no tomaba leche, solo dormía. Ellas le respondieron que no había razón para preocuparse.
Tras una semana, Freddie, el bebé, empezó a llorar sin parar. La madre lo llevó de nuevo con los médicos, pero ellos le reiteraron que el problema no era grave y que el niño podría tener cólicos.
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Una segunda opinión reveló la verdad
Smallwood y su pareja, Shaun Dell, buscaron una segunda opinión en el hospital Rusells Hall en Dudley, Inglaterra. El personal les reveló la verdad; su hijo estaba a punto de morir.
“Los médicos del hospital le realizaron una radiografía en el tórax y descubrieron que su corazón estaba agrandado por una insuficiencia cardíaca grave”, publicó el Daily Mirror
Smallwood explicó que los doctores “dijeron que su corazón se estaba apagando y que podía sufrir un paro cardíaco en cualquier momento”.
El instinto maternal lo salvó
No obstante, uno de los médicos le dijo a la madre que si no hubiera seguido su instinto maternal, su hijo habría muerto.
Defectos cardíacos congénitos ¿Qué son?
Un defecto cardíaco congénito es un problema con la estructura del corazón que se manifiesta desde el nacimiento.
La manera de diagnosticar estos defectos es a través de exámenes físicos que detectan los defectos del corazón al nacer.
Los síntomas pueden ser:
- Respiración rápida
- Cianosis: tono azulado de la piel, labios y uñas
- Cansancio
- Mala circulación
Muchos defectos congénitos del corazón no causan síntomas ni dan señales. A menudo no se detectan hasta que el niño crece.
.- Con información de Daily Mirror
