EDMONTON, Canadá.— El papa Francisco recordó ayer a Nuestra Señora de Guadalupe y sus apariciones en tierras americanas, destacando que la Virgen “transmitió la recta fe a los indígenas”, en un evento que congregó a alrededor de 10,000 personas cerca del Lago de Santa Ana, a unos 75 kilómetros al oeste de Edmonton.

Al participar en la tradicional peregrinación al Lago de Santa Ana y la Liturgia de la Palabra ayer en la tarde, en el tercer día de su viaje apostólico a Canadá, el Papa destacó que el importante rol de las madres y las abuelas en la evangelización de las familias y la sociedad, y señaló que “durante el drama de la conquista, fue Nuestra Señora de Guadalupe la que transmitió la recta fe a los indígenas, hablando su lengua y vistiendo sus trajes, sin violencia y sin imposiciones”.

El Pontífice aseguró que los corazones de las abuelas “son fuentes de las que surge el agua viva de la fe, con la que han apagado la sed de hijos y nietos”.

 

“Me admira el papel vital de la mujer en las comunidades indígenas. Ocupan un puesto de mucho relieve en cuanto fuentes benditas de vida, no sólo física sino también espiritual”, señaló.

Recuerdo

Francisco recordó a su propia abuela, de quien “recibí el primer anuncio de la fe y aprendí que el Evangelio se transmite así, a través de la ternura del cuidado y la sabiduría de la vida”.

 

“La fe raramente nace leyendo un libro nosotros solos en el salón, sino que se difunde en un clima familiar, se transmite en la lengua de las madres, con el dulce canto dialectal de las abuelas”.

 

“Me alegra ver aquí a tantos abuelos y bisabuelos. Se los agradezco, y quisiera decir a cuantos tienen ancianos en casa, en la familia, ¡tienen un tesoro! Custodian entre sus muros una fuente de vida, háganse cargo de ellos como de la herencia más valiosa para amar y custodiar”, expresó.

 

Al reflexionar sobre el Lago de Santa Ana, llamado así en honor de la abuela de Jesús y madre de la Virgen María, y al cual bendijo especialmente, el Papa señaló que la cercanía del agua “nos ayuda a volver también a las fuentes de la fe. Nos permite peregrinar idealmente hasta los lugares santos. Imaginar a Jesús, que desarrolló gran parte de su ministerio precisamente a la orilla de un lago, el Lago de Galilea”.

 

“Allí escogió y llamó a los Apóstoles, proclamó las Bienaventuranzas, narró la mayor parte de las parábolas, realizó signos y curaciones”, recordó. “Aquel lago constituía el corazón de la ‘Galilea de las naciones’ (Mt 4,15), una zona periférica, de comercio, donde confluían distintas poblaciones, coloreando la región de tradiciones y cultos dispares”.

 

El papa Francisco señaló que esa región “se trataba del lugar más distante, geográfica y culturalmente, de la pureza religiosa, que se concentraba en Jerusalén, junto al templo”.

 

“Allí, precisamente allí, Jesús predicó el Reino de Dios. No a gente religiosa seleccionada, sino a pueblos distintos que, como hoy, acudían de varias partes, acogiendo a todos y en un teatro natural como este”, dijo.

 

El Santo Padre recordó luego que el profeta Ezequiel “decía que las aguas, además de dar vida, sanan”.

 

“Esta tarde imaginémonos alrededor del lago con Jesús, mientras Él se acerca, se inclina y con paciencia, compasión y ternura, cura tantos enfermos en el cuerpo y en el espíritu: endemoniados, leprosos, paralíticos, ciegos, pero también personas afligidas, descorazonadas, perdidas y heridas. Jesús ha venido y viene todavía a hacerse cargo de nosotros, a consolar y sanar nuestra humanidad sola y agotada”.

 

“Hermanos, hermanas, todos nosotros necesitamos de la sanación de Jesús, médico de las almas y de los cuerpos”, aseguró.

 

El Papa Francisco pidió también a Jesús desde el Lago de Santa Ana en Canadá: “Ayúdanos a sanar nuestras heridas. Sabemos que esto requiere esfuerzo, cuidado y hechos concretos de nuestra parte. Pero sabemos también que solos no lo podemos hacer. Nos confiamos a Ti y a la intercesión de tu madre y de tu abuela”.

 

Al finalizar su mensaje, el Papa dijo a los indígenas canadienses que “he venido como peregrino también para decirles lo valiosos que son para mí y para la Iglesia. Deseo que la Iglesia esté entretejida con ustedes, con la misma fuerza y unión que tienen los hilos de esas franjas coloreadas que tantos de ustedes llevan”.

 

“Que el Señor nos ayude a ir hacia delante en el proceso de sanación, hacia un futuro cada vez más saludable y renovado. Creo que sería también el deseo de sus abuelas y de sus abuelos. Que los abuelos de Jesús, los santos Joaquín y Ana, bendigan vuestro camino”, concluyó.

 

50,000 personas

Horas antes, Francisco celebró ayer una misa ante 50,000 personas en el estadio Commonwealth de Edmonton y en su homilía instó a aprender, también como Iglesia, “a no oprimir nunca la conciencia de los demás”.

El Papa, que dio una vuelta al estadio en el papamóvil para saludar a los fieles, dedicó su homilía a la fiesta de los abuelos, que se celebró ayer al ser la festividad de santa Ana y San Joaquín, padres de María y abuelos de Jesús.

Y pidió a san Joaquín y santa Ana que intercedan “para construir un futuro mejor”.

“Un futuro en el que no se descarte a los mayores porque funcionalmente no son necesarios; un futuro que no juzgue el valor de las personas solo por lo que producen; un futuro que no sea indiferente hacia quienes, ya adelante con la edad, necesitan más tiempo, escucha y atención; un futuro en el que no se repita la historia de violencia y marginación que sufren nuestros hermanos y hermanas indígenas”, dijo.— ACI Prensa/EFE

Francisco explicó: “Para aceptar de verdad lo que somos y cuánto valemos, tenemos que hacernos cargo de aquellos de quienes descendemos, aquellos que no pensaron solo en sí mismos, sino que nos transmitieron el tesoro de la vida”.

“Precisamente de nuestros abuelos aprendimos que el amor jamás es una imposición, nunca despoja al otro de su libertad interior”, dijo.

“Tratemos de aprender esto como individuos y como Iglesia: no oprimir nunca la conciencia de los demás, no encadenar jamás la libertad de los que tenemos cerca y, sobre todo, no dejar nunca de amar y respetar a las personas que nos precedieron y nos han sido confiadas, tesoros preciosos que custodian una historia más grande que ellos mismos”, dijo Francisco.

El Papa llegó a Canadá para pedir perdón a los indígenas por los abusos que sufrieron en los internados, muchos de ellos gestionados por la Iglesia, donde se les encerró para los llamados procesos de asimilación.

Debido a sus problemas de rodilla, el Pontífice permaneció sentado durante buena parte de la ceremonia y fue ayudado en la celebración por el arzobispo de Edmonton, Richard Smith.

“Custodiar la historia que nos ha generado significa no empañar la gloria de nuestros antepasados, no perder su recuerdo, no olvidarnos de la historia que dio a luz a nuestra vida, acordarnos siempre de aquellas manos que nos acariciaron y nos tuvieron en sus brazos”, añadió el Papa en su homilía leída en español.

Pero también advirtió de la posibilidad de caer en lo que llamó “la caricatura de la tradición”, que “no se mueve en una línea vertical, de las raíces al fruto, sino en una línea horizontal, adelante y atrás, que lleva a la cultura del retroceso como refugio egoísta; y que no hace más que encasillar el presente y preservarlo en la lógica del “siempre se ha hecho así”.

En esta misa para los fieles católicos de Canadá, que representan el 44% de la población según las estadísticas de la Iglesia, el Papa aseguró que “nuestros abuelos y nuestros mayores deseaban ver un mundo más justo, más fraternal y más solidario, y lucharon por darnos un futuro” y que “ahora, nos toca a nosotros no decepcionarlos”.

Francisco terminó la jornada con una visita al lago de Santa Anta, lugar sagrado para los indígenas convertido en un lugar de peregrinación para los católicos.

Aclamado

En el estadio Commonwealth, los sentimientos estaban a flor de piel y en un recinto cercano más pequeño, donde se celebró la primera homilía mayor del Papa en Canadá.

Los asistentes lo aclamaron cuando llegó en el papamóvil y recorrió la pista, deteniéndose de vez en vez para besar bebés al ritmo de los tambores indígenas.

Phil Fontaine, antiguo jefe de la Asamblea de las Primeras Naciones y víctima de un internado, exhortó a la multitud a perdonar en un discurso pronunciado antes de la llegada de Francisco: “Nunca lograremos la sanación y la reconciliación sin el perdón”, declaró. “Nunca olvidaremos, pero debemos perdonar”.

En tanto, Murray Sinclair, presidente de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Canadá para las Primeras Naciones, criticó las disculpas de Francisco, al afirmar el martes que no fueron suficientes para reconocer el papel del propio papado en la justificación de la expansión colonial europea y el apoyo de la jerarquía a la política de integración de Canadá.

 

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