Arboretum ya logró 23 especies de frutales mayas
Hace un año, un grupo de vecinos de la comisaría de Cholul dio vida a un proyecto singular: “Arboretum de frutales mayas”. Ayer el resultado de sus esfuerzos estuvo a la vista de autoridades estatales y municipales al celebrar con los vecinos el primer aniversario de este proyecto que tiene hasta hoy 23 especies de frutales mayas.
La idea surgió de la inquietud de rescatar frutales mayas poco difundidos en riesgo de extinción y con alto valor botánico y sociocultural. Su objetivo es integrar el proyecto en el desarrollo comunitario para ampliar y resaltar atractivos históricos, culturales, botánicos y educativos, dirigido a visitantes locales y extranjeros, como el cenote Zazil Ha y la parroquia del Siglo XVI.
El proyecto tomó vida gracias al grupo Soy 1 + Cholul, agrupación de vecinos y amigos, voluntaria y sin fines de lucro, que su vez nació de la inquietud y preocupación en algunos de los problemas que aquejan a la comunidad, como el tema de seguridad, arborización, cultura y basura.
Este grupo social tiene más de 100 integrantes que participan en actividades como limpieza del cenote, arborización del parque, recolecta de basura y gestión de eventos culturales comunitarios.
Gloria Puc Solís, vecina de la población, comentó que ahora en los hogares ya no se escucha decir que se vaya por chicle al árbol, o la mención de las palabras mágicas para madurar el chóoch, tampoco se siente el olor de la guayaba recién caída la lluvia.
“Todo ello me lleva al pueblo de mi abuela, es un olor que hoy día pocos experimentan, pues a los jóvenes no les gusta el caimito, el zapote, el mamey, nuestra alimentación cambió totalmente, la industrialización nos ha invadido”, dijo la joven.
¿Quién conoce ahora de los saberes para madurar los frutos?, preguntó. O quizás ya nadie conozca los frutos, respondió ante autoridades y vecinos reunidos a un lado de Arboretum, colindante con la parroquia y el cenote.
“Las enseñanzas de mi abuela y mi madre no se olvidan: madurar el zapote y el mamey con periódico y bajar la fruta con anticipación, ese es el secreto”, aseguró la joven.— Luis I. Alpuche Escalante
“Con alma de niñez inquebrantable, mi madre nos decía con una cara llena de felicidad, compartiéndonos sus saberes de pequeña, mientras lavaba en la batea, que cortáramos la corteza del zapote para tener chicles”.
Con una sonrisa, Gabriela recordó lo alegres y entusiasmados que ella y sus hermanos esperaban a que se secara la resina del zapote en la hoja para mascar chicle. “¡Es el mejor, sin azúcar que saquen caries en los dientes!”.
“El respeto por estos frutales mayas en la comida yucateca debe seguir prevaleciendo no sólo en beneficio de Cholul, sino como referente para otras comunidades”, se destacó en el evento.
