Ni el calor lo detiene
El calor “aprieta” en estos primeros días de abril y a pesar de que es aún temprano la sensación térmica elevada agota, así que Esteban Moo Dzul hace una pausa en su búsqueda de trabajo y se sienta bajo la sombra, en la escarpa de una esquina.
La estampa llama la atención; el anciano de 90 años con sombrero y chanclas sostiene con una mano un envoltorio en el que lleva sus herramientas: coa, tijera y una especie de escoba fabricada con palitos de palma que le sirve para barrer.
Cuenta que es jardinero y desyerba desde hace muchos años, cuando perdió su trabajo en una hacienda henequenera al venir el declive de esa industria.
“Trabajaba en las haciendas henequeneras, ahí chapeaba, cortaba las pencas del henequén y lo que hiciera falta, era un trabajo duro pero se acostumbra uno”, expresa el nonagenario.
Cuando las haciendas henequeneras se fueron a la ruina, él y sus compañeros se quedaron sin trabajo, así que tuvo que buscar otras opciones.
Esteban es oriundo de Motul, pero hace muchos años se vino a vivir a Mérida, por el rumbo de Chuminópolis donde aún habita con su familia. Lo que sabía hacer era desyerbar, así que comenzó a ofrecer su trabajo de casa en casa. Desde entonces limpia los jardines o chapea las entradas, y también planta árboles y flores, “lo que la gente pida”.
Señala que hace tantos años que se dedica a esta labor que le tocó ver nacer el fraccionamiento Jardines Miraflores, y en ese rumbo muchas personas lo contrataron en aquel entonces para arreglara sus jardines.
Es el oriente de la ciudad de Mérida donde frecuentemente se le puede ver caminando y tocando puertas en busca de trabajo.
Dice que ya tiene clientes fijos, algunos de muchos años, pero las cosas no andan bien en lo económico, por lo que hay casas a las que le piden ir cada 15 días, pero a veces llega y le dicen que no se va a poder el trabajo porque no tienen dinero para pagarlo.
Entonces tiene que seguir su camino en busca de alguien más que le dé trabajo, lo cual también se le dificulta por su edad.
Confiesa que ya no es lo mismo de antes, ahora se le dificulta hacer algunas cosas. Por ejemplo, antes usaba una máquina mecánica para cortar el césped, pero ahora ya no puede, así que prefiere usar las tijeras manuales para cortar el pasto, pues se le hace menos pesado.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
Caminante Familia
Esteban Moo Dzul recorre las calles del oriente ofreciendo su trabajo como jardinero.
Chapeador
El entrevistado tiene cinco hijos que se dedican a diferentes oficios, uno de ellos chapea como él. “Yo tengo que trabajar porque no se puede de otra manera, hay que sacar para la comida”, comenta.
Precios
Es de acuerdo al tamaño del jardín y cuán corto o largo esté el pasto lo que cobra por sus servicios pero dice a veces cobra 40, 100 ó 150 pesos.
Camino
Un tanto recuperado del bochorno matutino, Esteban se levanta de la escarpa, sostiene bajo el brazo su atado de herramientas y se dispone a reanudar su camino, con la esperanza de encontrar trabajo y obtener algunos pesos para comer.
