La doble vida del enemigo público número uno de México
A imagen y semejanza del personaje de “Lo de antes”, la azarosa vida de Alfredo Ríos Galeana es digna del protagonista de la novela del escritor Luis Spota.
A más de un mes del deceso, el miércoles 4 de diciembre, las autoridades dieron a conocer la muerte del delincuente, declarado en la década de los años 80 del siglo XX enemigo público número uno de México.
Murió Alfredo Ríos, el asaltante de bancos más peligroso de México
Como informamos, una infección segó la vida del legendario asaltabancos que puso en jaque a los cuerpos policíacos del país durante los gobiernos de José López Portillo y Miguel de la Madrid.
Vidas paralelas
Al igual que la obra del autor madrileño José Luis Molinero Calvo, no muchos saben que Ríos Galeana llevó durante su carrera delictiva una “Doble vida”.
Como Josef Fritzl, un austríaco que en los años 60 secuestró 24 años, en su propia casa, a una de sus hijas y la violó repetidas veces.
Stephen King, llamado “El cazador cazado”, un inglés que asesoraba sobre sentencias para pederastas, experto en protección infantil; pero abusaba sexualmente de menores y guardaba pornografía infantil.
O Mata Hari, la espía doble que a principios de la centuria pasada reclutó el servicio de inteligencia alemán durante la Primera Guerra Mundial. Fue detenida en 1917 y acusada de la muerte de 50 mil soldados franceses.
A pesar de sus perfiles delictivos divergentes, todos llevaban una doble vida casi perfecta.
Sobrenombres
Entre sus apodos, a Ríos Galeana le decían “El Feyo” y “El hermano Arturo”; también recibía los epítetos de “El Charro Misterioso” o “Luis Fernando”.

Con los dos últimos seudónimos se presentó como intérprete en palenques de entidades del país, con lo que cumplía, según edición del 14 de julio de 2005 de Diario de Yucatán, “realizar su hobby desde la clandestinidad, cantar música ranchera”.
El espigado asaltante, con 1.80 metros de estatura, robaba bancos y a la vez cantaba en palenques.
“Era un hobby. Grabé un LP y como tres discos. Me fui una vez de gira a Oaxaca, otras veces a palenques, hacía mis presentaciones”, confesó en una entrevista, según el libro “Atrapado al fin. Alfredo Ríos Galeana, sus crímenes nefastos y su vida pintoresca”, publicado en 1985 por Arturo Ríos y Ramón Tinoco,
Declaraciones que reprodujo el Diario en 2005 del prófugo más buscado de la República, luego de su captura, después de escapar tres veces de cárceles.
El principio del mito
Alfredo Ríos Galeana nació el 28 de octubre de 1950 en Arenal de Álvarez, municipio de Benito Juárez, Guerrero.
De acuerdo con el artículo “Las andanzas del bandido Alfredo Ríos Galeana” de Columba Vértiz de la Fuente, a los 18 años ingresó al Ejército. Ahí alcanzó el grado de sargento segundo en la Brigada de Fusileros Paracaidistas.
Al desertar, comenzó su trayectoria delictiva hasta que lo detienen y fichan por delitos menores en 1974.
Dos años más tarde lo liberan, el 4 de diciembre de 1976, el mismo día y mes de su fallecimiento, a los 69 años.
En un intento por rectificar, se afilió al Batallón de Radio Patrullas del Estado de México, en 1978, donde fue comandante.
Ello no impidió que a partir de 1980 encabezara una banda de asaltabancos, que a la postre lo llevaría a ser reconocido como un experto en esa ilícita actividad.
Crónicas periodísticas cuentan que al parecer Alfredo se vio forzado a delinquir debido a que sus superiores policíacos le exigían cuotas, que al no cubrir decidió solventarlas robando bancos.
Él fue Alfredo Ríos Galeana, la historia del “enemigo número 1 de México”
Crónicas parecidas
Una historia muy parecida a la de Javier Lira Puchet, mejor conocido como “El Tarzán”, protagonista del libro “Lo de antes” de Luis Spota.
Robos a bancos, secuestros, asaltos, “El Mil Caras”, como además se le conoció por los disfraces que usaba y las tres cirugías que le practicaron, Alfredo Ríos protagonizó el 22 de noviembre de 1986 una peliculesca fuga. Ese escape se grabó en la antología del crimen de México y lo catapultó a la fama, e incluso inspiró un corrido que “Los Invasores de Nuevo León” le dedicaron para describir sus tropelías.
En una audiencia en el juzgado 33 de la metrópoli, con la ayuda de 10 cómplices lo rescataron de la custodia policíaca. Ese escape se grabó en la antología del crimen de México.
Su otro yo
Detrás del escenario de la vida real hay secretos o formas de conductas a veces extrañas o peligrosas, que ocultan la personalidad, actividad o nombre de las personas.
En una palabra, tienen una doble vida. Tal es el caso de Alfredo Ríos Galeana, también conocido como Luis Fernando Gutiérrez Martínez, Luis Fernando Berber Ocampo, Alfredo del Río y Arturo Montoya.
Sin embargo, el criminal número 1 del país que planeó y ejecutó de 1980 a 1995 más de 200 robos a bancos, tenía un antifaz que le permitía pasar casi inadvertido en la cacería más grande durante la década de los 80.

La persecución la encabezó el tristemente afamado Arturo “Negro” Durazo Moreno, jefe del Departamento de Policía y Tránsito del Distrito Federal, durante el gobierno de López Portillo.
Un sueño cumplido
A pesar de que Ríos Galeana, según notas del Diario, obtuvo en sus asaltos botines por unos mil millones de viejos pesos, para “El Feyo” el dinero no lo era todo. Le gustaba, como un artista, la fama y los reflectores.
Así lo describió Carlos Monsiváis en una edición de la revista Proceso en 1986:
“Él se ve como un héroe cinematográfico, alguien encumbrado por la astucia y las balas, a quien las cámaras siguen ocultamente. Esto explica su capacidad de riesgo y su voluntad de anacronismo”.
Más allá de las balas en las persecuciones policíacas, la auténtica pasión de Alfredo era cantar, y nadie le impidió cumplir su sueño.

Hay evidencias periodísticas que afirman que en sus años de gloria Ríos Galeana intentó ganar reconocimiento como intérprete del género ranchero e hizo presentaciones, particularmente en palenques y centros nocturnos.
Camuflado con una máscara y vestido con traje de charro, el enemigo público número uno de México convertido en “El Charro Misterioso” divertía en palenques; en el centro y norte de la nación.
“Mexican Gangster”
Detrás de aquel traje de gala mexicano y una máscara se escondió el criminal mexicano más buscado hace casi 40 años.
La popularidad y el renombre que ganó Ríos Galeana inspiró una película con detalles basados en los capítulos de la vida real del reputado delincuente.

“El más buscado” es la cinta que protagoniza el actor Tenoch Huerta, que escrita y dirigida por José Manuel Cravioto se presentó en 2014.
La película también conocida como “Mexican Gangster: La Leyenda del Charro Misterioso” hace alusión al ladrón de bancos. Muestra escenas de los asaltos, las relaciones personales y la trayectoria que como cantante desarrolló Ríos Galeana.
Grave error
Al parecer la suerte y la audacia abandonaron al criminal. En julio de 2005, cuando tenía 53 años de edad, de acuerdo con notas de Diario de Yucatán, al bandolero más buscado de México lo detienen en Estados Unidos.
Semanas antes, Alfredo cometió el error de imprimir sus huellas digitales al intentar renovar su licencia de conducir en California, donde residía en forma austera con su familia, lo que facilitó su identificación y posterior aprehensión.
Tras una investigación de las autoridades locales, se corroboró la falsificación de sus documentos personales.
Se avisó a la Procuraduría General de la República, que al cotejar sus archivos comprobó que se trataba del bandido más peligroso de México en la década de los años 80.
El declarado enemigo público número uno de México es apresado por agentes estadounidenses en la casa número 2759 de la calle Santa Ana, en South Gate, California, modesto barrio a unos 50 kilómetros del centro de Los Ángeles.
De vuelta a México
Deportado de Estados Unidos, de acuerdo con datos de 2005 del Diario, un centenar de agentes mexicanos recibieron a Ríos Galeana en la frontera entre Tijuana y San Diego, California.
El 12 de julio de hace 15 años, “El Charro Misterioso” llegó a Ciudad de México, y posteriormente ingresó al Centro Federal de Readaptación Social No. 1 “El Altiplano, La Palma”.
Sí, el mismo penal del que se fugó Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera. Ahí Alfredo purgaría una condena de 25 años de prisión que “La huesuda” no le permitió cumplir.
Vecino ejemplar
A pesar de ser un peligroso malhechor, Ríos Galeana gozaba de buena impresión entre sus vecinos y conocidos en South Gate, California, donde se le conoció como Arturo Montoya, un “hombre ejemplar”, según la nota que publicó Diario de Yucatán en la sección Nacional-Internacional el 14 de julio de 2005.

South Gate es una comunidad de clase media baja. El 90 por ciento de su población es de origen latino, en su mayoría mexicanos, por lo cual predominan negocios con leyendas en español.
“El Fayo” vivía ahí en una sencilla vivienda en compañía de su esposa, Susana, y los tres hijos de ambos.
La buena impresión que el enemigo público número uno de México legó en la comunidad estadounidense se cita en una edición del Diario de 2005:
“Dicen que tiene más de 50 años, pero él no pasaba de los 45; era un padre de familia muy sereno, amigable y amoroso con sus hijos; de los miembros activos y cantaba en la Iglesia cristiana Ebenezer”, señaló su vecino Ricardo Herrero.
“Lo veíamos seguido cuando iba a la iglesia, cuando estaba con sus hijos o cuando salía a trabajar. Era empleado de una empresa de mantenimiento de oficinas”, añadió Herrero, quien repetía: “No lo creo, no lo creo, han de estar confundidos”.
¿Conversión o falsedad?

Los contrastes fueron parte de la personalidad de Ríos Galeana. Vidas paralelas: una, con una conducta llena de agresividad, característica del asaltabancos. Y otra, de un charro cantante, un esposo y padre modelo. Sólo así se entendería una declaración que hizo, después de su captura final, al portal de noticia BBC Mundo:
“(Estoy) completamente arrepentido, y con el cambio drástico que dio mi vida al aceptar a Jesucristo en mi corazón y como único salvador, fue que entendí el dolor que ocasioné y el haber lastimado el corazón de Dios con mis malas acciones”, expresó el enemigo público número uno de México.





