Más mujeres se abren camino en la ingeniería civil
María de Lourdes Payán Arjona era en 1977 una de las dos únicas mujeres que cursaban la carrera de Ingeniería Civil en el Instituto Tecnológico de Mérida, y al egresar se enfrentó a la discriminación y el rechazo de las empresas para contratar a mujeres con esta profesión.
Cuando la ingeniera consiguió empleo, la falta de confianza de sus jefes y sus subordinados hizo imposible el poder seguir trabajando en el área.
“Se burlaban, se reían de lo que les pedía, no podían concebir que una mujer ingeniera les dijera qué hacer”, cuenta la profesional.
Durante dos años, María de Lourdes trabajó en la iniciativa privada enfrentando el rechazo, “viví muy malas experiencias”.
Recuerda que en 1977 cuando ingresó al Tecnológico eran únicamente dos mujeres, ella y una compañera más, quienes cursaban la carrera de Ingeniería Civil.
Campo
Cuando egresaron en 1981 se enfrentaron entonces a la discriminación en el campo laboral, solo por el hecho de ser mujeres, y tratarse de una carrera en la que predominan los varones.
Siente que esto ocurría porque dudaban de su capacidad, solo por su condición de género, y en otros casos porque quizá tenían miedo de que los superaran, y por tanto no la dejaban demostrar esa capacidad.
No dio todo por perdido, y tuvo oportunidad de incorporarse a la iniciativa pública en donde encontró una mejor acogida como profesional, en la entonces Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos.
Durante 10 años laboró en esa institución, en la que se desempeñaba como jefa de control de calidad de materiales hasta el momento en que se cambia de nombre a la institución por Conagua, y estando embarazada de su tercer hijo, la despiden.
En ese momento de su vida, indica que no lo tomó como algo discriminatorio, el despedirla por ser mujer y estar embarazada, pero a la distancia lo ve diferente.
Decidió entonces tomarse un tiempo para ser mamá, y luego de un año retornó a la actividad profesional, encontrando dificultades para hallar empleo, hasta que su alma máter le abrió las puertas y comenzó a trabajar con licencia impartiendo la asignatura de Matemáticas, luego Economía y Física.
De eso ya hace 28 años.
Comparte que unos años después de ingresar se le pudo colocar en las asignaturas propias de su profesión, y comenzó a dar la clase de Mecánica de Suelo en la carrera de Ingeniería Civil, como hasta ahora.
Y es que además de la ingeniería cursada en el Instituto Tecnológico de Mérida, tiene una maestría en Construcción por la Uady, y la especialización en mecánica de suelos por la dependencia en la que laboró.
Señala que como docente ha encontrado una forma de compartir sus conocimientos siendo para ella fundamental el formar elementos en la profesión, ya sea hombres o mujeres, con valores, pero cuando se trata de mujeres es aún más satisfactorio para ella.
Cambios
A más de 30 años de su experiencia como estudiante, ahora como docente del ITM puede ver cómo las cosas han cambiado, pues en las aulas encuentra hasta a 15 mujeres cursando la carrera de Ingeniería Civil, en un salón de 35 alumnos.
Afirma que las ingenieras civiles son disciplinadas, organizadas y dirigen el trabajo respetando los tiempos que marcan las empresas, pues no sólo son trabajadoras, sino esposas, madres, hijas que tienen otras tareas que atender, y por ellos buscan tener siempre todo organizado y con respeto a los tiempos definidos.
Sin embargo, considera que aún hay diferencias sustanciales entre la percepción de lo que ganan las mujeres en el ejercicio de su profesión con relación a los hombres.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
María de Lourdes Payán fue de 2004 a 2010 directora de la carrera de Ingeniería Civil en el Tecnológico, la primera mujer en ocupar este cargo en esa institución, y al parecer también a nivel estatal, pues la Uady, no ha tenido mujeres ocupando un puesto similar.
Durante ese tiempo, manifiesta que impulsó el trabajo de las mujeres, y ahora hay 12 profesoras que imparten materias en esa carrera.
