Una de las expresiones menos visibles de los efectos de la pandemia de Covid-19 son los trastornos mentales, que han crecido significativamente en los últimos años, de acuerdo con cifras oficiales.
Yucatán es un reflejo de la situación: durante 2021, año en el que se vivió la pandemia de principio a fin, las instituciones públicas reportaron a la Secretaría de Salud 1,679 nuevos diagnósticos de depresión en la entidad.
Ese número supera con mucho la cantidad de 2020, que fue de 987 casos de la enfermedad.
Si se mantiene la tendencia que muestra el sistema de monitoreo nacional, este año podría ser mayor la cifra de pacientes de depresión, pues a la fecha ya se diagnosticaron 273, que reprentan 83 más que en el mismo período de 2021.
César Iván Espadas Sosa, especialista en Psiquiatría y en Conducta Humana, dice que la ansiedad es una de las manifestaciones que siguen predominando porque la pandemia aún continúa.
El expresidente del Colegio de Psiquiatras de Yucatán dice que la ansiedad puede dar paso a la depresión, ante el peligro que perciben las personas. Pide no caer en la automedicación, porque cada organismo es diferente.
Daños a la salud mental por el Covid-19
En forma silenciosa, pero devastadora, la pandemia de Covid-19 ha ido afectando la salud mental de la población, a tal grado que la depresión, uno de los trastornos más conocidos, se ha disparado en los dos años que lleva la emergencia sanitaria.
En el caso específico de Yucatán, datos de la Dirección General de Epidemiología (DGE) de la Secretaría de Salud muestran que el año pasado las instituciones públicas reportaron 1,679 nuevos diagnósticos de depresión, un crecimiento de casi el doble comparado con 2020, cuando se notificaron 987.
La tendencia se mantiene al alza. El más reciente boletín epidemiológico semanal de la DGE, que se dio a conocer ayer, indica que en lo que va del año se han diagnosticado 273 nuevos casos de esa enfermedad, 83 más que los que se conocían en las mismas fechas de 2021.
Si se tomaran en cuenta los casos atendidos en la medicina privada, el número sería mucho mayor.
Ansiedad y depresión en Yucatán
César Iván Espadas Sosa, especialista en Psiquiatría y en Conducta Humana, dice que la ansiedad es una de las manifestaciones que más se han experimentado durante la pandemia, y sigue predominando porque ésta aún no termina.
El trastorno de ansiedad, explica, arroja ciertos síntomas. Y cuando no es controlado por los mecanismos de búsqueda de equilibrio, entonces nos altera y produce síntomas mentales.
El especialista advierte que la ansiedad puede dar paso a la depresión y ésta adquiere dimensiones de mucho riesgo cuando el paciente asume pensamientos de autodestrucción, que en muchos casos, lamentablemente, llevan al suicidio.
El doctor Espadas señala que hay evidencias históricas de que todos los sucesos que afectan la vida de una comunidad, un estado o una nación, tienen relación directa con los trastornos de la mente.
Esos sucesos, explica, pueden ser una epidemia, un desastre natural, una guerra, cambios atmosféricos o una crisis económica.
Todo eso, enfatiza, genera cambios en todos los niveles de nuestra vida, ya sea social, familiar o económico, y repercute en la salud mental porque el sistema nervioso central tiene una función muy importante en el desempeño de las personas.
Sistema de alarma ante el peligro
En situaciones que lo ameritan, añade el entrevistado, el sistema nervioso central tiene diferentes mecanismos que buscan el estado de equilibrio (homeostasis). Uno de esos mecanismos es la sensación de ansiedad.
“El hecho de sentirse atento, de sentirse vigilante de lo que pueda sucedernos cuando hay una señal de peligro, hace que se active nuestro sistema de alarma”, abunda. “Tenemos funciones en nuestro cerebro, en nuestro hipotálamo y en otras áreas del cerebro, que empiezan a dar indicaciones para que nuestro organismo esté alerta y se defienda. Esto da como resultado la ansiedad”.
Diferente reacción
El médico, también expresidente de la Academia Yucateca de Medicina y Cirugía, A.C., señala que en circunstancias normales —la presentación de un examen escolar, por ejemplo— ese mecanismo de defensa logra el deseado estado de equilibrio.
Sin embargo, ante una amenaza a la salud y a la vida, como es el caso de la pandemia de Covid-19, que además ha sido prolongada, el sistema de alarma es muy grande. Cuando el trastorno no es controlado por el mecanismo de búsqueda de equilibrio, entonces surgen alteraciones mayores.
El doctor Espadas Sosa también formula los siguientes conceptos:
- Las personas que tienen sensación de mucho miedo ven alteradas las funciones de su organismo. Puede venir un trastorno de sueño, que podría ser insomnio o somnolencia. También pueden surgir pensamientos negativos y hasta pensamientos destructivos.
- Esto, desde luego, puede llevar a la depresión. Es un estado anímico en el cual hay alteraciones en nuestro sistema límbico, donde se generan las emociones: tristeza, alegría, coraje, miedo.
- Una de las formas de lograr el equilibrio emocional es la socialización. Somos sociales, somos personas que hemos desarrollado la capacidad de socialización, que es un apoyo importante para la salud mental.
- Y en esta pandemia, algunas medidas que han sido necesarias, como el aislamiento y el hecho de no convivir ni hacer reuniones, producen efectos que pueden lesionar o alterar la salud mental.
Cómo identificar señales de autodestrucción
- Las presiones pueden llevarnos a lo peor, a lo irremediable, como son las actitudes de destrucción. Y en ellas están los suicidios, que, como hemos visto, han aumentado en todo el mundo y tienen un duro reflejo en Yucatán. En la época de la Gran Depresión había gente que se arrojaba de los edificios en ciudades con mucho movimiento urbano.
- En el caso de la pandemia yo diría que es una catástrofe, pues supera lo que se podría llamar una crisis. Las crisis tienen un período de tiempo más corto.
- Hay que estar atentos a los síntomas de la ansiedad y la depresión. Los familiares se pueden dar cuenta de que una persona no tiene la actitud de antes. El llanto es un síntoma muy común tanto en ansiedad como en depresión. Lo recomendable es hablar con el enfermo, con empatía y con respeto a la persona, sin juzgar, y si es necesario se debe buscar ayuda profesional.
