Parecía un día gris el de ayer, pero se iluminó con las sonrisas y el agradecimiento de decenas de personas que, gracias al proyecto “Yo doy la cena”, recibieron una bolsa con una serie de productos para que puedan celebrar esta Nochebuena.

Que tengan un plato de comida en la mesa para compartir en la víspera de Navidad es el fin de este proyecto surgido de un grupo de amigos que decidieron hacer posible que otros, tal como ellos hacen, disfruten de esta fecha en familia.

Ayer se realizó la repartición de las despensas para la cena a personas de escasos recursos y/o en situación vulnerable de las colonias San Luis Dzununcán, el Roble Alborada y La Guadalupana, entre otras.

Habitantes de casas endebles de cartón, otras improvisadas hechas con tablones de madera de tarimas y que tienen como techo una lona o simples bolsas de plástico que abren para cubrir sus minúsculas viviendas recibieron los artículos.

El objetivo fue ayudar a los más necesitados y a aquéllos que, por alguna situación, viven un momento difícil y carecen de recursos.

Tal es el caso de Luis Arturo Pech, quien sufrió un accidente hace algunos meses, que lo dejó sin trabajo. Una cicatriz que va desde el pecho hasta la cintura es prueba de su tragedia.

La abuelita que cuida a sus dos nietos pequeños mientras su hija va a trabajar, y que a pesar de la pobreza en la que viven y la difícil situación económica que enfrentan tiene una sonrisa para regalar, fue otra de las beneficiadas.

Al igual que un padre de oficio cargador, con sus dos hijos, que solo tienen un pequeño cuarto de cartón y tablones, solo cubierto con una lona a manera de techo, recibió agradecido su cena.

Un grupo de mujeres con varios pequeños, cuyas casas están en similares condiciones a la descritas anteriormente, por el rumbo de la colonia el Roble Alborada se emocionaron al recibir los paquetes.

“No teníamos que cenar”, expresó una de ellas.

Los colaboradores de “Yo doy la cena” caminaron por las colonias pobres para encontrar a las familias más desvalidas y darles un poco de alegría en esta Navidad.

La lluvia los sorprendió en la tarea, pero aun así continuaron con la labor.

Las personas salían de sus casas sorprendidas, un niño pidió una cena para su familia, pues “mi mamá no está en la casa”; una joven señora con sinceridad dijo que ella no la necesitaba, pero sus padres sí, y tomó la bolsa con los productos para entregárselos más tarde porque tampoco se encontraban en su hogar en ese momento.

La caravana de automóviles y camionetas llevando a repartir las despensas por las colonias pobres de la ciudad llamaba la atención de los habitantes de esas zonas, que de inmediato se acercaban cuando veían que se estaba repartiendo algo.

”Yo doy la cena” de Navidad, con una meta superada

Para armar las cenas repartidas —que fueron más de 120— se hizo una colecta entre amigos, familiares y conocidos de los organizadores, con la consigna de donar $300 por cada beneficiado.

La meta era reunir el equivalente de al menos 86 cenas, ya que el año pasado fueron 85, pero se rebasó por mucho la meta gracias a la generosidad de la gente.

Ayer, las sonrisas, la alegría y el agradecimiento fueron el común denominador entre los beneficiados, que en su mayoría admitieron que no tenían nada para comer en Navidad, por lo que el obsequio llegó a ellos como una bendición, una bendición que en muchos casos devolvieron con cálidas palabras a sus benefactores.