Nadie oferta pavo indio en esta temporada. Hace muchos años no necesitaba ser diciembre para encontrarse por las calles del Centro a personas dedicadas a la venta de pavos en pie que criaban en sus comunidades.

No era extraño toparse con aquellos que, en la acera o cargados al hombro, colocaban a la vista de los transeúntes estos pavos de color negro criados en solares del interior del estado.

En los alrededores del entonces único mercado del Centro, el Lucas de Gálvez, incluso en las inmediaciones de las terminales de autobuses de la calle 50 de Mérida, muy cerca del centro de salud, era parte del paisaje cotidiano observar este tipo de comercio hoy prácticamente extinto debido a las características genéticas de los pavos.

También debido a las regulaciones sanitarias en la materia y la imposibilidad de competir contra las grandes empresas procesadoras de pavos para su distribución congelada, en apego a la normatividad vigente y a precios más bajos.

Por otro lado, están las granjas productoras locales que suelen instalarse en puntos estratégicos a las afueras del Centro y que lo mismo pueden vender pavo en pie o recién beneficiado. Esas granjas, que crían bajo norma sanitarias estrictas, ofrecen el pavo blanco, un estándar de la industria por sus características genéticas.

Nuestros abuelos, nuestras veneradas “chichís”, hacían de los pavos criados en casa auténticos manjares para ocasiones especiales, pues al ser criados en estas condiciones su sabor era excepcional comparado con el pavo blanco o el congelado.

Para finales de año era común que las familias adquirieran uno de estos llamados pavos “indios” (en realidad era la variedad más común que se criaba en el interior del estado) que se vendían en la calle, para enviarlos al patio de la casa y terminar de engordarlos.

La idea era que ganaran en poco tiempo el mayor peso posible para hacer redituable la inversión, señala Rosa Becerra Jiménez, ama de casa de 78 años de edad, quien alguna vez adquirió el pavo indio en pie con el fin de engordarlo.

“Hoy ni siquiera hay patios en las casas de la ciudad para tener un pavo vivo para Navidad”, comentó al recordar que en aquella ocasión la curiosidad por el sabor le animó a adquirir uno.

“La idea de preparar un pavo engordado en el patio y recién beneficiado me pareció interesante”.

“Una señora que me trabajaba en la casa me lo trajo del pueblo, creo que lo tuvimos alrededor de un mes, fue uno de los mejores que hemos probado”.

Emanuel Rincón Becerra, reportero de la Agencia Informativa Megamedia (AIM). Es licenciado en Ciencias de la Comunicación con 32 años de trayectoria en periodismo; ingresó a Grupo Megamedia en 1994. Se especializa en turismo, arqueología, vida empresarial, historia, arte, cultura y fotografía.