El contador de personas de la puerta oriente del zoológico del Centenario llevaba a la una de la tarde de ayer 3,230 registros de ingreso a este popular centro recreativo de Mérida y el del área de animales, 827 en una hora.
“Somos cuatro contadores de personas, una en cada entrada del zoológico y el del área de animales”, precisó el custodio que con un aparato registró el ingreso de todas las personas al parque. “Cada quien cuenta con su contador, en todas las entradas hay más de 3,000 ingresos, está llenísimo”.
El custodio de acceso al área de animales reportó que cada hora entraba más de 800 personas, entre adultos y niños, para visitar a los animales.
La fila para el paseo del trenecito era kilométrica, pero ni así las familias desistieron de viajar en este icónico transporte sobre rieles, cuya mayor emoción que genera gritos es atravesar el oscuro túnel.
“Vengan mejor a ver mi show, van a esperar dos horas para subir al trenecito”, invitó el payaso que daba un espectáculo en la explanada cercana a la estación del trenecito.
Del mediodía a la una de la tarde, tiempo en que el reportero recorrió el zoológico, fácilmente la afluencia rebasó las 10,000 personas que llenaron todas las áreas del Centenario, pero fue un ir y venir continuo en todo el horario de las ocho de la mañana a las cinco de la tarde.
En los juegos infantiles, como dicen popularmente, no cabía ningún alfiler, en la zona de restaurante tampoco, en el trenecito menos, en el espectáculo del payaso quedaron pocas sillas y los pasillos parecía una marcha obrera de décadas pasadas.
La gran afluencia al Centenario confirma que es uno de los atractivos más visitados de Mérida.
El alcalde Renán Barrera, ha sostenido que es el segundo sitio más visitado de Yucatán después de la zona arqueológica de Chichén Itzá, y quizá ayer se sobresaturó porque las familias no viajaron al puerto de Progreso por la marea roja que afecta al mar, la playa y los servicios turísticos.
Como era lógico, tanta gente que llegó en automóviles y camionetas familiares ocasionó caos vial en las calles aledañas porque todos los espacios disponibles se llenaron y por ello el estacionamiento de un supermercado adjunto se llenara de vehículos, pero no de sus clientes, sino de visitantes que iban al zoológico.
Este arribazón vehicular también ocasionó que llegaran decenas de “viene-viene” para cuidar los espacios y ganar unas monedas por el servicio callejero.
Pero los que hicieron su “agosto” ayer fueron los vendedores, tanto de comida, golosinas y helados como de gorras con figuras y juguetes inflables de animales.
Una madre de familia no soportó el llanto de su hijo que se aferró a un dinosaurio rodante, escarbó en su cartera, juntó con monedas los $120 del precio de este juguete y lo pagó.
“Faltan 10 pesos”, reclamó la vendedora de estos juegos de animales.
“No, está completo, ésta (mostró la moneda) es de 20”, aclaró y convenció a la vendedora.
Todo aquel que tiene un negocio en el zoológico del Centenario seguramente tuvo su mejor día de ventas porque no había familias que no salieran con un juguete, con una gorra de animales, con un sorbete, paleta, refresco o agua purificada.
O que comiera algo de las golosinas que ofrecen los numerosos puestos de antojitos, comida rápida o fritangas.
Lo que llamó la atención en esta masiva visita al Centenario es que la mayoría ya no usa cubrebocas; si la tenía, no se cubría nariz y boca porque estaba tomando o comiendo algo.
Tampoco se ofrece gel antibacterial en los puestos comerciales y en las puertas de acceso al zoológico y parque, quizá porque es una zona al aire libre, pero la falta de sana distancia es propicio para la propagación del contagio del coronavirus.— Joaquín Chan Caamal
