La historia de El Niplito comenzó en 1973, cuando los esposos Miguel Farjat Rosado y Rita Vázquez Ruiz fundaron un pequeño negocio de venta y distribución de artículos de plomería en el sur de la ciudad.
“Hoy, 50 años después, el negocio se ha convertido en una de las empresas del ramo de acabados para la construcción más importantes del Sureste”, con un centro de distribución y 26 sucursales en Yucatán, Campeche y Quintana Roo, brindado empleo a más de 650 personas, afirmó su director general, Miguel Farjat Vázquez.
Para celebrar, la empresa ofreció ayer un desayuno en el que Fernando Ojeda Llanes, maestro en finanzas con especialidad en ingeniería económica, matemáticas y costos, impartió la conferencia “Las empresas familiares y los valores humanos”.
“Esto apenas es el inicio de los festejos que vamos a tener de aquí a fin de año, y es una manera de agradecerles la confianza que nos han tenido”, añadió el director general de El Niplito.
Acompañado de sus hermanos Rita (directora corporativa), Ángel (presidente del Consejo de administración) y Daniel (director de Compras), el director general resaltó que son 50 años en que él y sus hermanos han sido parte de la historia que comenzó con sus padres.
“Yo creo que el éxito se ha basado en que está empresa comenzó con un gran capital, pero no un capital monetario, sino un gran capital humano, un gran capital lleno de valores, lleno de gente que nos ha acompañado en este camino, lleno de capital de nuestros colaboradores que han sido la pieza fundamental para que El Niplito sea lo que es hoy”.
Luego de su discurso, Ojeda Llanes impartió la conferencia en la que resaltó que todos tienen que ver con empresas familiares, ya sea como propietario o trabajador de una.
Abordado antes de su presentación, en la que planteó algunas ideas de Salo Grabinsky, autor de varios libros sobre el tema, Ojeda Llanes subrayó que las empresas se inician con la familia.
“Estadísticamente se dice que el 90 por ciento son empresas familiares. A veces el padre y la madre tienen temores al hacer una empresa, pero cuando se organizan profesionalmente, se vuelve poderosa la empresa familiar porque es de confianza y talento propio”.
También señaló que cuando separan la empresa de la familia empiezan los conflictos que trascienden a una segunda generación y, por consiguiente, no llega a la tercera generación.
“Si no hay una organización plena, bien hecha y organizada, la empresa familiar tiende a desaparecer porque los conflictos se dividen en dos partes: los funcionales que tienen que ver con metas y objetivos, y los disfuncionales que tienen que ver con sentimientos. Entonces, la parte disfuncional entra muy fuerte en la tercera generación”.
Agregó que por eso hay que separar el patrimonio y los problemas, o “se corre el riesgo de que la empresa no vaya adelante”, puntualizó Ojeda Llanes, quien ha trabajado 50 años en una empresa familiar.— I.C.E.
