Una veladora, un vaso con agua y un plato con comida que se pierden con el humo del incienso en un rincón de la casa se envuelven con el misticismo del Hanal Pixán.
“Es para el ánima sola”, dicen los mayores, para aquellos que no tienen familia, por alguna razón no son recordados, los que murieron solos y cuyos cuerpos, en un plano más terrenal, fueron depositados en una fosa común o se mantienen bajo resguardo en un cuarto frío.
Es el caso del pequeño Iker, niño chiapaneco que murió atropellado en la colonia México en junio. Su cadáver permanece en las instalaciones del Instituto de Ciencias Forenses (ICF) de la Fiscalía del Estado (FGE) porque ninguna persona, ningún familiar, ha reclamado el cuerpo para sepulturlo.
Al menos 30 cuerpos no han sido reclamados en Yucatán
Iker, si es que este es su nombre real, no es el único que se conserva en ese lugar a bajas temperaturas. Con él en el anfiteatro del Instituto permanecen al menos otros 30 cadáveres que no fueron reclamados por alguien; ninguno fue o ha sido entregado a sus familiares porque, de acuerdo con información proporcionada por la propia institución, ninguno de estos 31 cuerpos ha sido identificado oficialmente, ni el de Iker.
La institución tampoco hizo por conocer sus historias, por “ponerles rostro”. En ningún caso existe algún perfil o archivo básico en el que quede registro de alguna huella genética que permita su posterior identificación.
La mayoría de estos cadáveres que permanecen en las instalaciones del ICF corresponden a personas del sexo masculino: 27 son hombres, entre ellos el pequeño —aunque éste no aparece en la lista que se proporcionó —, y cuatro de mujeres. La edad de cada uno de los cadáveres que están en el anfiteatro no fueron proporcionadas a pesar de que se solicitó.
Los datos de la Fiscalía revelan que la mayoría de los cadáveres que no fueron reclamados y continúan en resguardo se levantaron en 2022 (17), seguidos del año 2023 (seis hasta el mes de agosto).
Del cuarto frío a la fosa común
El 2021 ocupa el tercer lugar con cinco, le sigue el 2020 con dos y el 2019 con uno. Es importante precisar que el total de muertos no identificados y no reclamados desde hace cinco años asciende a 131: 49 corresponden al año 2019, 48 al año 2020, 11 al 2021; 17 al 2022 y se contabilizaban seis en 8 meses del 2023. De estos cadáveres, 111 corresponden a personas del sexo masculino y 20 a personas del sexo femenino.
Entonces, ¿dónde están los otros 100? De acuerdo con los datos obtenidos, los cuerpos fueron depositados en alguna fosa digna o también llamada fosa común, pues de mantenerlos todos bajo resguardo se rebasaría la cantidad de cuerpos que caben en el lugar que es de 35, es decir, el cuarto frío se encuentra al 80% de su capacidad.
De los mismos datos se puede desprender que 45 del total de cuerpos no identificados fueron levantados por personal del Instituto de Ciencias Forenses en algún hospital público como el O’ Horán o el García Téllez del IMSS.
También se tiene conocimiento del cadáver de un hombre de 83 años que fue recogido en una clínica privada ubicada en el centro de Mérida el 19 de noviembre de 2020.
El 26% de estos cuerpos son de personas de la tercera edad; los demás tienen entre 8 y 59 años. El más joven sería Iker y el de mayor edad sería un hombre de 92 años cuyo cadáver fue levantado en la Casa del Adulto Mayor, en Juan Pablo II.
Yucatán, con acumulado de personas desaparecidas
¿Por qué nadie los reclama? ¿Alguien busca a estos muertos? En realidad no se sabe, tal vez muchos fueron abandonados por sus familiares en los hospitales o casas de ancianos; sin embargo vale la pena indicar que el portal de la Comisión Nacional de Búsqueda reporta que Yucatán tiene un acumulado, desde 2019, de 1,136 personas desaparecidas y no localizadas, de las cuales 1,062 fueron localizadas, es decir el 93.49%; de éstas, 46 fueron localizadas sin vida.
Por otra parte, hasta el día 23 de octubre 74 personas fueron reportadas como desaparecidas y no localizadas, 70 desaparecidas y cuatro no localizadas; para entender mejor esto es preciso indicar que las primeras, por la información que proporcionaron los familiares, podrían ser víctimas de alguna comisión de delito, mientras que las segundas pueden no estar en riesgo al entenderse que no han sido localizadas porque su ausencia habría sido voluntaria.
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