María Eugenia Carvajal Quintal, originaria del municipio de Umán, aprendió a bordar desde la adolescencia como parte de las enseñanzas para el hogar.
De hecho, aprendió muy bien a bordar a mano y a máquina, incluso estudiaba y trabajaba en algún momento en este oficio.
Al trasladar su residencia a Mérida, el bordado pasó a ser una actividad secundaria para ella, pues tuvo varios trabajos y actualmente labora en una secretaría de gobierno.
Como bien dicen, lo bien aprendido no se olvida y María Carvajal sigue bordando toda clase de encargos y también arregla prendas.
Desde adolescente la llevaron con una señora que enseñaba a bordar. La entrevistada compartió que aprendió rápido, en pocas semanas, aprendiendo primero en rejilla.
También aprendió el estilo renacentista, el rococó, el punto de cruz, la costilla de ratón, el diente de perro y muchos más.
El rococó son florecitas para vestidos de niñas; el punto de cruz sirve para lo que uno quiera, como por ejemplo ternos e hipiles.
El diente de perro son unos arcos a mano para orillas de manteles, de vestidos, entre otros.
La costilla de ratón es un dibujo que se forma como arco. Este bordado sirve para unir telas especialmente.
En Umán María Eugenia Carvajal hizo varios trabajos e incluso para una empresa. A máquina bordaba pájaros como tucanes, loros y cotorros en las espaldas de las camisetas
Al iniciarse en el bordado se dedicó al 100% en el oficio, pero después no pudo debido a su trabajo, aunque sigue recibiendo encargos y hasta ha hecho ternos.
Un bordado es mejor que una pieza pintada y no es que la menosprecie, pero el bordado es más duradero, dijo.
Ella aplica todos sus conocimientos en decorar blusas, ternos, para lo que pidan. A veces (los clientes) tienen un vestido o una blusa que se les rompió, entonces los arreglo poniendo un bordado encima para tapar el hueco, señaló. Hasta para eso sirve el bordado.
La paciencia también forma parte del oficio, consideró. El bordado se mantuvo un tiempo en el olvido, pero ya está volviendo su auge.
Esto lo ve en los encargos que recibe, por medio de los cuales obtiene recursos económicos para el hogar.
Hay trabajos para bordar camisas de los caballeros, ya se usan más estas prendas decoradas cuando antes solamente eran para las mujeres.
Le sigue la solicitud de adornos en pañalitos, servilletas, toallas, en todo eso, el bordado ha retomado su camino, expuso.
María Eugenia Carvajal comentó que lo que más le piden son blusas y cuando puede lo hace con mucho gusto.
La imaginación es fundamental para ser bordadora porque de ahí, y con la combinación de los hilos de colores, surgen las formas, señaló la artesana.
Eso es pieza clave para una bordadora. Es gusto en tonos, en combinar los hilos y dónde pondrás el dibujo, cómo lo harás, detalló. El diseño se tiene que dibujar en la tela para luego hacer el bordado.— CLAUDIA SIERRA MEDINA
Oficio Hilos
María Eugenia Carvajal Quintal, originaria de Umán, aprendió a bordar desde la adolescencia.
Herramienta
La entrevistada compartió que es más fácil bordar en máquina que a mano, dependiendo de lo que sea. Siguen existiendo las máquinas de pedal, incluso ya hay máquinas muy modernas.
Felicidad
Su mayor alegría como bordadora es cuando ve el trabajo listo. Es muy satisfactorio, subrayó María Eugenia Carvajal. Ver algo que hiciste y ver que lo portan las personas es algo muy bonito.
Enseñanza
Es muy importante enseñar este oficio a las nuevas generaciones, incluso en las escuelas. Si no se quiere perder esta bella tradición la tenemos que inculcar.
Costo y beneficio
Los insumos son caros, aunque se cobra bien el trabajo, aseguró.
