Hay preocupación entre los venteros que ofrecen sus productos a las puertas de las escuelas, quienes debido a la prohibición de la venta y consumo de comida chatarra y golosinas al interior de los planteles escolares también se ven afectados con las restricciones, ya que no podrán vender los productos que usualmente ofertan, y los que están permitidos son poco populares entre los niños.

Así salió a relucir en lo que fue el primer día, ayer lunes, con los cambios obligatorios en todas las escuelas, acorde con el programa federal, para ofrecer alimentos más saludables a los niños que acuden a clases, lo cual contempla también la restricción en la venta de productos considerados chatarra a las puertas de las escuelas.

Nubia Carrillo Viles, quien suele vender a las puertas de dos escuelas, el jardín de niños “Estado de Sonora” y la primaria “Benito Juárez”, ambas en la colonia Esperanza, se encuentra preocupada, ya que no sabe qué va a ocurrir, y teme que ya no le dejen vender en esos sitios.

Para ella las ventas que realizan se traducen en el sustento para sostener a sus cuatro hijos, uno en preparatoria, otro en la secundaria, y dos más en la primaria, así como a su padre de 78 años, que también vive con ella.

“De esto vivimos, con esto he sacado a mis hijos adelante, si no nos dejan vender aquí, no sé qué voy a hacer”, expresa con preocupación.

Cuenta que ayer lunes el director del jardín de niños salió a decirle que no podía vender a la puerta del plantel, así que se retiró y se fue a la esquina, donde logró algunas ventas.

Una de las cosas que le comentaron es que sí puede vender palomitas y bolis.

En el caso de la primaria, normalmente se ponía en la puerta de la escuela, pero ayer se ubicó en la acera de enfrente, un poco más lejos de la salida.

Al menos ayer no le dijeron nada, pero teme que puedan pedirle que se retire.

Cambiar los productos que vende por otros saludables no es algo que vea viable, ya que en anteriores ocasiones ha intentado vender frutas o verduras picadas, y los niños no los compran, “aquí se me echan a perder”.

Golosinas, un premio para los niños

Señala que las golosinas que vende, como paletas, dulces de menta, chicles, chamoys, chicharrones y otras frituras, son comprados por los papás como un premio para los niños, “cuando se portan bien les dicen, agarra un dulce”.

Nubia platica que desde los cinco años se dedica a vender a las puertas de las escuelas, pues ayudaba a su mamá, y siguió con este trabajo toda su vida. Cuando su mamá falleció, ella se quedó con el negocio.

No puede buscar un trabajo de 8 horas, no sólo porque necesita tiempo para atender a sus hijos, sino porque uno de ellos tiene TDAH, y frecuentemente le hablan de la escuela porque necesita algo, o tiene que darle su medicación que debe ser al pie de la letra.

A pesar de su esfuerzo, de vender tanto a la entrada del colegio, ya que prepara desayunos, y a la salida, se las ve duras, y en ocasiones no hay dinero ni para lo indispensable.

Comparte que su hija que está en la prepa y está haciendo sus prácticas en un lugar en la García GInerés, pero un día no tuvo dinero para el camión y tuvo que ir a su casa, en el oriente de la ciudad, caminando. La joven llegó llorando a la casa, cansada y triste.

Si así está la situación, no se quiere imaginar si le prohíben seguir vendiendo a las puertas de las escuelas.

Opciones saludables para las escuelas

Señala que estuvo viendo qué sí se puede vender, y vio que habas, tacos de frijol…también vio una publicación de unas brochetas elaboradas con uvas, queso y piña, pero se pregunta cómo va a vender eso si tanto las uvas como el queso son caros, y la piña también cuando no es temporada.

Y vender fruta fresca como melón o sandía o jugo natural sin azúcar, considera que se echará a perder ante el calor que hay.

“Es fácil decir ‘ya no vendan’, pero no se ponen a pensar en el daño que nos están haciendo. Si no vendo, a qué me dedico”, dice.

Apunta que además no se trata sólo de vender lo que las autoridades quieren, sino de que los niños lo compren, y por su experiencia previa ha visto que la mayoría de las opciones que les dan no son atractivas para los niños.

Por la mañana, cuenta que trató de adaptarse a las disposiciones y vendió sándwiches de pan integral con jamón de pavo, queso, romanita y tomate; vasitos de pepino y ensalada, que le compraron algunas mamás.

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