Mérida, Yucatán.- Los osos, en su cama, nunca perdieron la expresión. Encontró sus mismas gratas sonrisas. Ellos, su ambiente, sus pertenencias y su espacio propio la esperaban a Lucía, tal como el día cuando se la llevaron.
El 3 de julio de 2024 salió con su padre para la visita acordada por ley. Ya no fue devuelta a su madre, Ericka Contreras Pérez, quien detenta la custodia legal, por eso se denomina restitución.
Debieron transcurrir 362 días para que Lucía se reencontrara con ese personaje pardo con una cruz médica, el compañero de Masha en la caricatura; con Winnie the Pooh o su muñeca vestida con traje típico mexicano.
La madrugada de este lunes 30 de junio Lucía volvió a casa. Tenía 5 años cuando salió. Hoy, tiene 6 y la experiencia de haber sido instrumento de violencia vicaria en Yucatán, esa que busca dañar a la madre por medio de los hijos.
Debió inventarse una vida provisional, ajena, siempre en espera.
Conoció lugares no imaginados como los espacios de litigio y de audiencias. Alteró sus estudios y por temporadas dejó de asistir a la escuela.
Escuchó narrativas de encono. Vivió dinámicas de conflicto. No importó la hora.
La pequeña revisó sus pertenencias, con detenimiento. Verificó la funcionalidad de objetos.
Se talló el vestido de princesa que la esperó colgado a un costado de su cajonera, color rosa, durante 51 semanas y cinco días.
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Lucía ha vuelto a casa, en Mérida. Tendrá que recuperarse de la alteración a muy temprana edad. Recuperar su vida en libertad y no rehén de procesos legales para ser o hacer.
En un vídeo compartido en redes sociales, se puede ver a Lucía, contenta, curiosa.
Por eso, hoy, Ericka Contreras Pérez, quien enfrentó la injusticia, con una entrega ejemplar, dice:
“Agradezco profundamente a todas las personas que acompañaron, apoyaron, creyeron y no se cansaron de alzar la voz junto a la mía.
“Que Lucía regrese a casa es un logro del amor, de la verdad y de la justicia que sí es posible cuando no dejamos de luchar por ella”.
La mamá de Lucía tiene claro que aún debe lidiar con secuelas y procesos. Por eso, expresa:
“El camino no termina aquí, pero hoy celebramos lo más importante: la vida y el amor que nos unen”.

Este reprobable caso de violencia vicaria en Mérida —más grave porque el agresor fue funcionario de la Comisión de Derechos Humanos de Yucatán y experto en leyes para burlarlas— queda como ejemplo de la tenacidad y convicción de una persona frente a la ruindad de otra a quien no le importó qué viviría Lucía.
Al expresar su gratitud, Ericka asegura:
“Seguiremos caminando por un país en donde ninguna niña (o) sea arrancada de su madre, donde todas las infancias sean protegidas, y donde la violencia vicaria deje de ser una realidad silenciada”.
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