• Bertha María Uicab Caballero; su esposo, Miguel Carballo, y sus hijos Raquel y Miguel Carballo Uicab, tienen un negocio de mazapanes
  • Bertha María Uicab Caballero; su esposo, Miguel Carballo, y sus hijos Raquel y Miguel Carballo Uicab, tienen un negocio de mazapanes
  • Aspectos del proceso de elaboración  de los mazapanes que venden doña Bertha  María Uicab y su familia
  • Aspectos del proceso de elaboración de los mazapanes que venden doña Bertha y su familia

Todo un arte familiar es el que despliega Bertha María Uicab Caballero y su familia en la elaboración de mazapanes de pepita de calabaza. Lo que comenzó como un simple gusto por aprender se ha transformado con los años en sustento de su familia.

Doña Bertha compartió que lleva seis años dedicándose a la preparación de estos dulces tradicionales, una habilidad que adquirió en un curso y que hoy practica junto a su esposo, sus hijos y una nieta.

Su marido, Miguel Carballo, destacó que lo que los distingue es que cada mazapán está completamente hecho a mano.

Los ingredientes básicos son pepita, azúcar y canela, explicó. Desde uno o dos meses antes comienzan a surtirse de materia prima, principalmente la pepita de calabaza porque, debido a la alta demanda, en ocasiones puede escasear.

La pepita que utilizan ya viene pelada y a partir de ahí elaboran los mazapanes, que prefieren entregar siempre frescos.

Para estas fechas crean figuras como calabazas, con o sin rostro, elotes, piñas, chiles, mangos, fresas, aguacates, plátanos y zapotes. Además, adaptan sus diseños a otras formas según la ocasión o la temporada, como Navidad, primavera o San Valentín.

Doña Bety y su esposo contaron que al principio las figuras no salían como esperaban, pero con la práctica fueron perfeccionando la técnica. Hoy producen una gran variedad de formas y atienden encargos para distintos eventos.

Los mazapanes se elaboran de dos maneras: la más conocida, con figuras de frutas y verduras pintadas a color, y otra más sencilla, decorada con flores espolvoreadas con canela.

La pintura utilizada es comestible y es una de las etapas que requiere mayor dedicación, los hijos de la familia participan para agilizar la producción.

Don Miguel comentó que para él estos dulces son típicos de la temporada, pues coinciden con la cosecha de maíz, calabaza e ibes.

En tiempos antiguos se aprovechaban todas las verduras y frutas para las ofrendas a los fieles difuntos, recordó. “Y para no dejar fuera a los niños, se añadía color a los dulces porque ellos disfrutan las cosas coloridas”.

Doña Bertha compartió su orgullo por transmitir esta tradición a sus nietos, destacando que se trata de una práctica hermosa, con un sabor único y que ha fortalecido la unión familiar. Relató que una de sus nietas ya se sienta con ella a intentar darle forma a las figuras y, en ocasiones, a pintarlas.

Don Miguel explicó el proceso de elaboración: una vez lista la masa, pesan las bolitas para que todos los mazapanes tengan el mismo peso. “Si ves una calabaza pequeña y un plátano grande, pesan igual, solo cambia la forma”.

Después de eso realizan “la magia”: dar forma a la masa y pintarla o “ponerle su talquito”, como dice doña Bertha en referencia a espolvorearla con canela.

Sus hijos, Raquel y Miguel Carballo, mencionaron que desean continuar con esta tradición y, a su vez, enseñársela a sus propios hijos para mantenerla viva.