Como arquitecto urbanista y viajero internacional, el maestro Carlos Manuel Orozco Santillán, originario de Guadalajara, afirma que el desarrollo urbano genera una lucha de clases sociales y la especulación del suelo es un “diablo” que enfrentan las ciudades que sufren el fenómeno de la gentrificación.

Puso como ejemplo la ciudad de Guadalajara y Ciudad de México que tienen un fuerte desplazamiento de su población, una ruta por la que va la ciudad de Mérida con la gentrificación. Sin embargo, considera que la capital yucateca todavía es un paraíso en comparación de otras capitales mexicanas donde el tránsito vial hace perder mucho tiempo, donde las viviendas y departamentos son pequeños y donde las casas de los centros históricos están en destrucción gradual o en constante invasión de negocios, principalmente de hospedajes como hoteles boutique o Airbnb.

Durante su participación en el conversatorio “Gentrificación: ¿progreso o desplazamiento?” el maestro Orozco Santillán se dijo sorprendido ahora que regresó al barrio donde vive la familia de su esposa en Mérida porque hace dos años, y las primeras veces que visitó la ciudad, había casas habitación que hoy son hoteles boutique o negocios de otros giros turísticos.

“El cambio del uso del suelo en las ciudades, obviamente diría alguien que conozca la teoría marxista del desarrollo, que no es un asunto de malos, solamente de lucha de clases que se presenta en la ciudad de una manera concreta porque sí existe”, señaló.

“Esa realidad concreta es la lucha de clases sociales. La especulación del suelo urbano es un ‘diablo’ que nosotros enfrentamos en las ciudades que queremos. No se diga la Ciudad de México, donde hay un cártel inmobiliario; no se diga con el desplazamiento en la ciudad en Guadalajara, sobre todo con la destrucción del patrimonio edificado para dar pie a las torres de departamentos.”

Contó que cada vez que pasa por la colonia Americana o alguna otra colonia tradicional, ve que están vendiendo el terreno y lo más seguro es que lo ocupará alguna torre. Sin embargo, el proyecto no incluye soluciones al transporte, a las áreas verdes y otros servicios necesarios de la ciudad.

“Lo que yo veo en Mérida, pues es lo mismo, hay una ley de la especulación del suelo urbano, que requiere un contenido básico. El capitalismo inversor, que es el que especula, el desplazado que vende su propiedad, y el regidor o funcionario corrupto que aprueba los proyectos“, destacó. “Vemos que con facilidad cambian la arquitectura de la fachada y ahora hay casotas con alberca, tienen hoteles boutique con alberca, esa es la nueva realidad del desarrollo urbano”.

“Supongo que como en Guadalajara, que es lo que yo he vivido, la gente que vivía en esa casota se fue a los núcleos urbanos nuevos que son realmente una forma de marginalidad“, reiteró. “Guadalajara es la capital mundial de la marginalidad. No soy exagerado, tenemos una ciudad dormitorio, todo el mundo que trabaja como empleado de mostrador, se va a vivir desplazado del barrio a otros sitios más alejados.”

“En esa marginalidad de colonias como Santa Fe con más de 300 mil viviendas y un municipio con 19 poblados, hay más de un millón de desplazados, tienen que pensar en cómo dormir allí porque no hay transporte, no hay avenidas que resuelvan el problema”, subrayó. “Se está construyendo una línea 4 de un tren ligero, pero no se termina aún. Conozco el fenómeno porque fui vice rector de una universidad que también fue desplazada. Se cambió al área de una avenida cerca de la que va al aeropuerto de Guadalajara”.

Dijo que en ese fraccionamiento, los inversores que llegaron describieron el lugar como encantador, pero solo fue un engaño para vender casas. Le dan nombres rinbombantes, como el Paseo de los Cipreses, Vista del Lago, entre otros, pero basan su éxito en la mercadotecnia, la mentira, el engaño, porque luego la gente que se va a vivir al fraccionamiento tiene que usar mototaxis colectivos y pagar un pasaje de 20 pesos para recorrer un kilómetro y medio.

“Sí, son casas baratas, cuestan alrededor de 400 mil pesos en la colonia Americana, pero un departamento vale 3 millones en Guadalajara”, recalcó. “Esa es la actividad de la inversión inmobiliaria. Estamos hablando de una plusvalía generada por esos componentes. La inversión, que siempre la va a haber porque es el capitalismo, y la corrupción porque hay que aprobar nuevos planes de desarrollo y la persona necesitada se va a lugares de viviendas populares, donde viven miles de personas que son otras ciudades como Valle de los Molinos donde un millón de personas solo van a dormir porque su centro de trabajo está en otro lugar”.

Es lo que está pasando en el centro y barrios de Mérida porque la gente ya no puede vivir en el primer cuadro porque es desplazado por gente de mayor poder adquisitivo.

Lucha de clases

“La lucha de clases es una realidad concreta y no podemos cambiar la fase superior del capitalismo”, subrayó. “Digo, no, yo estudié mal, pero no, tampoco estoy en contra de la realidad. Esa realidad es lo que a mí también me enfrentó cuando estudié, por ejemplo, los departamentos que diseñó el fundador de la Bauhaus (el arquitecto alemán Walter Gropius). Son los departamentos más pequeños que hoy encontramos como algo común. Es decir, ni siquiera los inventamos. Podemos decir que las micro viviendas que están ahí, no es invención de los inversores sino de Walter Gropius.”

“En 1919 obligaban al arquitecto a llevar una reconstrucción de vivienda por la destrucción de la primera guerra y luego por la segunda guerra mundial“, recordó. “Cuando yo llego a Polonia y veo que se sentían orgullosos de su centro histórico, y hasta guardaban la bomba con la que Hitler destruyó la ciudad de Varsovia, que fue la más destruida del mundo porque solo quedaron las trazas de las calles, quiere decir que ahora lo que encontramos en Polonia, en la propia Moscú o en Francia, son los grandes conjuntos habitacionales de lo que fue necesario para solucionar el hábitat de miles de familias que no tenían la opción que hoy brinda el mercado inmobiliario”.

Explicó que se requieren viviendas colectivas en edificios de cuatro niveles para no invertir en un elevador y este modelo está en todas las ciudades mexicanas, incluyendo en toda Latinoamérica porque los edificios habitacionales son la única solución al déficit de viviendas.

Pero el asunto es: ¿cómo podemos evitar que destruyan el centro histórico? Pues para ello hay leyes de respeto al patrimonio edificado, esas que corrompen los regidores porque aun cuando hay una ley que aprobaron y que no se haga nada fuera de la norma, dentro del cuadrante protegido, bla, bla…, de todas maneras llega un regidor y con un millón de pesos lo aprueba”.

Señaló que esto es lo que está pasando en muchas partes de México, como el ejemplo de Guadalajara, donde si el patrimonio edificado lo destruyen para levantar una torre de departamentos de alta gama, que vale 6 millones de pesos el más barato, no hay forma de luchar ni aun siendo diputado local, como le ocurrió a él, porque los legisladores no aprueban las normas de una ciudad.

“Este tipo de artilugios son del municipio. Así está la ley, así está la constitución y así está el artículo 120 y tantos más que le dan facultades a los municipios”, señaló. “Tienen esa facultad con una ligera tajada de medio millón por regidor. Si quiere el inversor reparte 5 millones para un conjunto habitacional que dejará 50 millones de utilidades, por ejemplo, entre los que van a firmar el plan parcial. Aquí el problema que tenemos es que no podemos luchar por la clase social a la que están desplazando, porque ese es otro tema, pero sí podemos impedir el desplazamiento si metemos nuestra opinión, si convencemos a regidores, cuando menos que no destruyan los centros históricos”.

Narró que en Guadalajara es verdaderamente patético ver edificios que admiró tanto la sociedad del amor porfiriano de los años 20, 30, 40, que ya no existen. Ahora son torres de departamentos. Y lo pone de ejemplo, porque esa es la experiencia que depara para Mérida en el futuro.

Joaquín Orlando Chan Caamal, reportero de la Agencia Informativa Megamedia (AIM); es periodista desde 1987 y en 1993 ingresó a Diario de Yucatán, buque insignia de Grupo Megamedia. Escribe sobre el ámbito local y peninsular, especialmente contenidos sobre educación, economía, medio ambiente, sectores empresariales, sociedad y seguridad.