El aquaparque del Oriente de Mérida, rodeado por colonias en expansión y vialidades cada vez más densas, se ha convertido en un refugio inesperado para la fauna silvestre.
En un recorrido en el lugar se observaron aves acuáticas, rapaces, reptiles, anfibios y árboles nativos de la selva maya, conviviendo en equilibrio con el entorno urbano.
Entre los nenúfares que cubren el agua, pájaros carpinteros y patos se pasean con naturalidad. Halcones sobrevuelan el parque en busca de caracoles, mientras iguanas y ranas se asolean entre ceibas, caobas, cedros, chakás y guarumos.
Esta convivencia revela la importancia de conservar espacios verdes en una ciudad donde la mancha urbana crece sin pausa.
A continuación, cinco de las especies que cohabitan el aquaparque.
Gallineta común (Gallinula galeata)
Ave acuática de plumaje oscuro y pico rojo con amarillo. Se desplaza entre lirios flotantes y emite chillidos agudos. Su versión juvenil, más discreta, presenta plumaje marrón y pico pálido.
Ambas se alimentan de vegetación y pequeños insectos, y suelen anidar entre juncos.
Busardo (Buteo sp.)
Ave rapaz de plumaje marrón moteado, con pico ganchudo y mirada vigilante. Se posa en ramas altas y planea sobre el parque. Se alimenta de pequeños reptiles y caracoles, y representa el equilibrio ecológico en zonas arboladas.
Cormorán neotropical (Nannopterum brasilianum)
Ave pescadora de plumaje negro brillante. Se le ve con las alas abiertas, secándolas tras bucear. Se adapta bien a estructuras humanas como barandales y postes, y es símbolo de resiliencia urbana.
Pato criollo (Cairina moschata)
Ave robusta de plumaje blanco y negro, con carúnculas rojas en el rostro. Abunda en el parque y convive con humanos. Aunque domesticado, mantiene hábitos silvestres y se alimenta de vegetación y restos orgánicos.
Jacana norteña (Jacana spinosa)
Cuerpo oscuro, alas castañas, escudo frontal amarillo brillante y pico del mismo color. Patas largas, con dedos finos y extendidos que distribuyen su peso sobre hojas flotantes.
La presencia de estas especies en Mérida revela la importancia de conservar áreas verdes en una ciudad que crece aceleradamente, pues son corredores biológicos que sostienen la biodiversidad.










