Podar un árbol es algo que muchos tendrán que afrontar alguna vez en la vida, y aunque en esencia el principio es sencillo, llevarlo a la práctica de manera segura representa un reto.
La técnica depurada, herramientas precisas y conocer perfectamente las características del árbol a intervenir convierten al proceso en una tarea que no debe tomarse a la ligera, tanto así que los verdaderos profesionales en materia deben certificarse, algo que generalmente no ocurre.
Daniel Flores Hernández, especialista certificado perteneciente a la Asociación Yucateca de Arboricultura y de profesión odontólogo, incursionó en el mercado de la poda de árboles a raíz de la pandemia del Covid-19, cuando sus pacientes dejaron de acudir por las restricciones a la movilidad y el confinamiento.
Como la gran mayoría de las personas que se dedican a esta actividad en la entidad, al principio no tenía nociones de cómo hacer el trabajo adecuadamente, simplemente usaba una motosierra y cortaba ramas según su criterio.
Al poco tiempo de ofrecer sus servicios se dio cuenta de las posibles consecuencias de una poda inadecuada, que podría traer repercusiones a la larga en la estructura del árbol y su entorno, de modo que se abocó a estudiar el tema.
Encontró una agrupación en la capital del país que podría certificar su labor, capacitarlo, actualizarlo y ampliar sus conocimientos no solamente en la poda de árboles, sino en el saber de su estructura y características.
“¿La poda es necesaria? Sí, definitivamente en árboles urbanos”, comentó.
“Cuando te certificas como arborista, lo que te queda muy claro desde el principio es que un árbol es ante todo un ser vivo que echa raíces, crece y se desarrolla, a su modo se adapta al entorno.
“Son las personas quienes le ayudan a tomar camino y crecer en orden con condiciones adecuadas cuando se trata de un árbol urbano; espacio suficiente, agua necesaria, sol, todo eso cuenta”, manifestó.
“El arbolado urbano, aquel que brota dentro de una urbe, afronta condiciones extraordinarias que lo diferencia de aquel que se encuentra fuera de las ciudades, aquel que crece en el campo o la selva. El arbolado urbano está sujeto a muchas variables para su desarrollo, y si bien, tanto los que crecen en las ciudades como los que lo hacen fuera de ellas, ambos deben ser tratados como seres vivos aunque es evidente que los urbanos reciben más atención, pero no siempre ésta sea la mejor”.
“Podar un árbol puede obedecer a diversos motivos, desde estéticos y funcionales hasta prácticos y de seguridad, todo depende del árbol y el entorno en que se encuentra.
“En el caso de los árboles en calles o avenidas transitadas, ahí se requiere que las ramas que se extiendan sobre la vialidad no sean un peligro para los vehículos que ahí circulan, deben ubicarse a una altura adecuada para evitar que sean golpeadas por vehículos de gran tamaño”, explicó.
“Habrá ocasiones que la poda se requiera para liberar de follaje las líneas eléctricas de los postes, y otras en las que se busca darle al árbol una apariencia más estética sin perder sus cualidades”, agregó.
“En el caso de los árboles dentro de predios particulares, se podan en función de las necesidades del propietario. Un árbol que se extiende más allá del espacio físico del terreno puede afectar la construcción propia o el predio de un vecino, de manera que una poda periódica no está de más”.
El experto recalcó que conocer bien las características del árbol permite al propietario tomar las previsiones necesarias, entre ellas cuánto crecerá, las características de las raíces, profundidad de las mismas, entre otras.
“Cuando el brote va creciendo en ocasiones suelen salir al tallo principal un tallo paralelo; lo idóneo es que el tallo crezca como un solo tranco, pues dos tallos creciendo en paralelo terminarán por perjudicar la estructura del mismo y le debilitarán. Lo adecuado es eliminar un tallo y enderezar el que queda”.
Indicó que con el paso del tiempo el árbol crece y define sus ramas, y la poda permite darles formas y sentido de lo que será el follaje.
Aspectos esenciales
Una poda mal hecha no es un asunto menor. En el proceso es esencial el uso de las herramientas adecuadas, la calidad de las mismas y la seguridad de quien realiza la labor, así como la planeación de lo que se hará exactamente.
“Es común que la gente utilice machetes y coas para la poda. Casi siempre quienes hacen éste trabajo son jardineros o personas del servicio de la casa a las cuales se les pide ‘quitarle algunas ramas al árbol’. Ni el machete ni la coa son las herramientas más adecuadas, además que muchos de quienes lo realizan no se procuran las medidas de seguridad”, subrayó.
“Una poda es como una cirugía al árbol; hay formas de amputar una extremidad de manera segura y menos traumáticas que jalar con la fuerza de un caballo hasta quebrar la rama.
“Un corte limpio, a ras, con una herramienta de buen filo, en este caso una motosierra o una guillotina, evitan que se formen excedentes rotos en torno al corte por donde saldrán nuevos brotes más rápido”, enfatizó.
“Una buena poda elimina del árbol aquello que pudiera suponer un riesgo a la seguridad del entorno por factores climáticos o de cualquiera otra índole, pero si compromete la integridad y la resistencia de toda la estructura”.
Contratar los servicios de personas sin experiencia puede significar graves problemas.
“Hoy día muchas personas por ahorrarse unos pesos le piden a otras, sin capacitación ni experiencia, que poden sus árboles; las consecuencias pueden ser muy serias. Sin medidas de seguridad implementadas, sin conocimiento o destrezas en el manejo de herramienta especializada, sin noción de las características del árbol en sí mismo, todo puede llevar a un desastre y comprometer la salud y bienestar del árbol”.
“Hoy día existen procedimientos para conocer la salud de un árbol al interior, mediante una suerte de broca especial activada por un taladro que permite conocer la dureza del mismo al interior. Cuando esa dureza es inconsistente o se torna más bien blanda, es probable que el árbol esté afectado y hay posibilidades de que se pierda”.
El entrevistado compartió algunos consejos.
“La propuesta es que quienes se dediquen a realizar la poda de árboles urbanos, ya sea a nivel particular o empelados del Ayuntamiento, se capaciten y certifiquen en ello, que no lleguen solo a cortar y triturar, sino evaluar y considerar las consecuencias de cada corte; pienso que en la medida que se profesionalice ésta actividad, podremos ofrecer a los árboles urbanos mejores expectativas de crecimiento y durabilidad”.
