La sala del Cine Siglo XXI fue el sitio de encuentro entre la ciencia, la ciudadanía y la conservación ambiental durante la presentación de resultados de un año de trabajo del programa Monitoreo de Loros Urbanos en Mérida, impulsado por el Centro de Difusión y Conservación Ambiental Proyecto Santa María.

La exhibición y la charla marcaron el cierre de un proceso que, en realidad, se extendió por un año y tres meses de observación constante de la avifauna urbana, con el respaldo de 192 voluntarios monitores.

Previo a la presentación pública Marisa Martínez García, coordinadora del monitoreo, explicó que el objetivo central fue compartir con monitores ciudadanos y autoridades los hallazgos derivados de miles de observaciones realizadas en distintos puntos de la ciudad.

“Vamos a ver qué especies de loros se registraron, en qué zonas, de qué se están alimentando, qué plantas utilizan para descansar o anidar y otros aspectos que fuimos documentando a lo largo del año”, señaló.

Uno de los datos más relevantes fue el registro de nueve especies de loros en la zona urbana de Mérida, una cifra que superó reportes previos.

La coordinadora explicó que en el corte semestral inicial se habían identificado menos especies, pero conforme avanzó el proyecto se sumaron nuevos registros, reflejo tanto del aprendizaje de los monitores como de la riqueza biológica que aún persiste en la ciudad.

Las especies avistadas son: loro cachete amarillo, loro cabeza amarilla, loro frente blanca, perico pecho sucio, loro yucateco, loro corona azul, guacamaya roja, cotorra argentina y cotorro de Kramer.

Como parte de las conclusiones, se detalló que tres de las especies registradas se distribuyen de manera natural en la región, dos se han adaptado al entorno urbano, dos fueron observadas en una sola ocasión y dos corresponden a especies exóticas, una de ellas considerada invasora.

Además, el monitoreo permitió confirmar que los loros frente blanca, cachete amarillo y cabeza amarilla ya se encuentran reproduciéndose dentro de la ciudad, lo que subraya la importancia de proteger el arbolado urbano y respetar sus ciclos reproductivos.

El proyecto se desarrolló bajo el enfoque de ciencia ciudadana, una metodología que coloca a la población como eje en la generación de conocimiento científico.

Para ello la ciudad se dividió en cinco zonas: norte, sur, centro, oriente y poniente; se crearon grupos de WhatsApp en los que, tras una capacitación previa, los participantes enviaban reportes diarios sobre avistamientos, rutas de vuelo, alimentación, sitios de descanso y dormideros.

José Pierre Medina, presidente del Centro de Difusión y Conservación Ambiental Proyecto Santa María, subrayó que este esfuerzo difícilmente habría sido posible sin la participación comunitaria.

“Es un proyecto que solos no hubiéramos podido realizar. Gracias a la constancia de cerca de 200 personas de todos los rumbos de Mérida, hoy tenemos información sólida sobre los loros urbanos”, afirmó.

Durante la charla se explicó que el 82.3% de los voluntarios se mantuvo activo a lo largo del año, generando 2,935 registros válidos, los cuales permitieron identificar patrones de comportamiento, períodos reproductivos y el uso de al menos 36 especies de plantas como alimento, descanso o sitios de anidación.

Entre las más utilizadas destacan el chaká, guamúchil, mango, almendro y diversas palmeras.

Los resultados también encendieron alertas. Varias de las especies registradas se encuentran en categoría de riesgo, de acuerdo con la Norma Oficial Mexicana 059, lo que refuerza la urgencia de protegerlas.

Pierre Medina recordó que la presencia de loros en la ciudad tiene como raíz el tráfico ilegal de fauna silvestre y la tenencia doméstica.

“Aunque es un delito federal, todavía se siguen ofertando loros en redes sociales. Es un tema cultural y de falta de sensibilidad que debemos atender”, expresó.

Como parte de las recomendaciones finales, se hizo un llamado a evitar podas y talas durante el período reproductivo, que ahora se reconoce de enero a agosto; reducir el uso de pirotecnia en zonas donde existen dormideros y promover la reforestación urbana con especies nativas que sirvan de refugio y alimento para estas aves.

El evento cerró con el anuncio de dos nuevos proyectos derivados de este monitoreo: uno enfocado al seguimiento de nidos en la ciudad y otro dedicado al estudio de la cotorra argentina, especie exótica e invasora cuya presencia en Mérida fue confirmada gracias al trabajo comunitario.

La jornada en el Cine Siglo XXI fue una muestra más de que, cuando la ciudadanía se involucra y observa con atención, la ciudad revela datos que antes pasaban inadvertidos y abre nuevas rutas para la conservación ambiental.