CIUDAD DE MÉXICO (EFE).- Cuando la costurera mexicana, Olivia Trujillo (Ciudad de México, 1962), usaba a escondidas la máquina de coser de su mamá a los 12 años, no imaginó que cinco décadas después se “graduaría con honores” al confeccionar los atuendos más emblemáticos de Claudia Sheinbaum, presidenta de México reconocida por The New York Times por su estilo.
“No tengo un título como tal, porque no fui a ninguna universidad. A mí me enseñó la vida; me enseñó el gusto que tenía por realizar algo con un pedazo de tela(…) Ahora, mira, nada más le hago sus vestidos a la presidenta. Me gradué con honores”, afirma Trujillo a EFE mientras cose un pantalón morado, el color favorito de la mandataria.
En un taller familiar, ubicado al fondo de su casa en el sur de la capital mexicana, la diseñadora trabaja desde hace 40 años con la ayuda de su esposo -un exmilitar- e incluso de sus dos nietas pequeñas, para transformar los bordados de artesanos de todo el país en prendas memorables, marcadas por el significado de vestir a la primera mujer presidenta de México.
¿Quién hace los vestidos de Claudia Sheinbaum?
Por las manos de la modista han pasado las colecciones más emblemáticas de Sheinbaum, tanto en lo personal como en lo político, como el vestido que diseñó para su boda con Jesús María Tarriba, o el atuendo morado con bordados indígenas que utilizó cuando estuvo cara a cara con el presidente Donald Trump durante el sorteo del Mundial de Norteamérica 2026 en Washington.
De entre los cientos de atuendos, Trujillo recuerda vívidamente el del 1 de octubre de 2024, cuando vio por televisión cómo una mujer “por primera vez en la historia ocupaba la silla presidencial” portando un vestido color blanco roto, cosido por ella, diseñado por Thelma Islas Lagunas y bordado con más de 100 flores silvestres por la artesana oaxaqueña, Claudia Vásquez Aquino.
“Cuando llegó el gran día y vi que sí se lo puso, sentí mucha felicidad, porque hay miles de personas que cosen y me tocó a mí darle forma”, sostiene Trujillo, quien cuenta que conoció personalmente Sheinbaum para tomarle las medidas de ese vestido, aunque ha trabajado para ella desde 2022, cuando era jefa de Gobierno.
La alta costura mexicana
Para la patronista, el vestido midi de la toma de protesta marca un antes y un después tanto en el estilo de Sheinbaum -quien antes de asumir la presidencia portaba trajes sastre y mascadas- como en la moda en México, pues asegura que ahora “mucha gente”, dentro y fuera del país, le pide conjuntos con bordados típicos mexicanos como los de la mandataria.
“(La presidenta) no necesita de diseñadores famosos, porque tiene en su país muchos mexicanos y mexicanas que nos dedicamos, algunos a bordar o, en mi caso, a costurear”, defiende.
La reflexión de Trujillo coincide con la descripción que hizo The New York Times en su lista de las 67 personas con más estilo, en la que se incluye a la mandataria mexicana, entre figuras como Rosalía o Melania Trump, por haber “atraído los reflectores sobre la moda de la comunidad indígena del país vistiendo prendas bordadas”.
También, la modista explica que esta fascinación por la imagen de Sheinbaum “reactiva la economía” de personas como ella, que han dedicado su vida a incorporar el bordado artesanal a la alta costura, para que este no quede encasillado a celebraciones nacionales, como el Día de la Revolución Mexicana, ni sea minimizado por las grandes marcas.
Un modelo a seguir
Por ahora, Trujillo no piensa en el retiro y está convencida de que, durante todo el mandato de Sheinbaum (2024-2030), seguirá confeccionando sus atuendos.
Además, sostiene que el taller familiar seguirá operando, porque su nieta Isabella, de 12 años, seguirá sus pasos y ve en ella “mucho potencial”.
Incluso relata que, muchas veces, Isabella es quien forra los botones de los trajes de sastre que miles de personas ven en las conferencias matutinas de la titular del Ejecutivo.
Con la herencia de la costura a su nieta y el haber vestido a la presidenta, Trujillo concluye que, algún día, cerrará su carrera “con broche de oro”. EFE
