Irving Berlín Villafaña (*)

México se está transformando gracias a la cuatro T. No es casual que haya simpatía de este régimen con Nicolás Maduro y que no lo toquen ni con el pétalo de una rosa.

Hablan lenguajes parecidos, destruyen instituciones, rompen el equilibrio de los poderes, someten al poder judicial, centralizan todas las decisiones, cooptan al ejército, crean déficit fiscal y usan un poder carismático para engolosinar al pueblo con suministros clientelares.

Así están construyendo de nuevo al viejo PRI, el partido de estado legendario y más longevo en toda América. Allá era el pretexto de Bolivar. En la cuatro T están todos los priistas que ya no están en el PRI, están todos los panistas que traicionaron al PAN y todos los perredistas que ya no militan ahí.

Su composición es diversa pero todos repiten al unísono lemas polarizantes: la prensa vendida y conservadora, los prianistas, la mafia en el poder, los ricos malos por ser ricos y los pobres buenos por ser pobres.

Los que no militan con ellos, son fascistas, vende patrias, enemigos del pueblo, golpistas de derecha, clases medias aspiracionistas irresponsables, etcétera.

Este lenguaje de destrucción corresponde al Marxismo- Leninismo clásico y al Stalinismo.

El socialismo totalitario fracasó hace mucho tiempo y ha habido revisiones que desecharon la idea de eliminación del otro que subyace a la dictadura del proletariado.

El socialismo francés, el eurocomunismo italiano con Antonio Gramsci y Enrico Berlinger a la cabeza, la social democracia europea, terminaron por entender que ese sistema de exclusión no sirve ni construye una sociedad nueva sino que la corrompe.

Es más, ni los chinos, el país “comunista” más exitoso del mundo usa ya esos conceptos.

La burguesía y los ricos son una estrella en su propia bandera. No hay en América un socialismo moderno con futuro. Hay una recuperación del lenguaje excluyente que llevó, por ejemplo, a Venezuela, a encender, quemar o expulsar a sus ciudadanos.

El tercer grito al cielo (los dos gritos previos a que el autor se refiere son la captura de Nicolás Maduro y la esperanza del pueblo venezolano) es un grito callado y tal vez más parecido a un rezo.

Ojalá que nuestra presidenta incorpore a su denuncia de No intervención otra contra la tiranía de Maduro, a menos que quiera seguir su rumbo y continúe con la destrucción de las instituciones democráticas.

Y si no fuera pedir mucho, ojalá que los camaradas de la izquierda morenista —y ella misma— dejen de usar ese lenguaje barato de la consigna, de la exclusión, de la etiqueta destructiva que usan contra los diferentes, porque están demostrando, vergonzosamente, su rostro estalinista que ya está en el basurero de la historia.— Mérida, Yucatán.

Antropólogo con maestría en Industrias Audiovisuales y doctorado en Comunicación Política

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