Por Thomas L. Friedman
En septiembre de 1996, visité Teherán por primera vez. Me alojé en el Hotel Homa, que antes era Sheraton. En ese entonces, escribí que encima de la puerta del vestíbulo había un cartel que decía: “Down with USA” (Abajo Estados Unidos): ¡Vaya, eso no es un graffiti! Eso está firmemente adherido. Eso no se caerá fácilmente.
Los últimos años de la década de 1990 fueron un momento fugaz de apertura en Irán, que fue cuando obtuve la visa. Tenía la esperanza de que la evidente búsqueda de muchos de los jóvenes iraníes por incorporarse a la economía mundial acabaría por triunfar sobre sus dirigentes, quienes habían fijado esas palabras en la pared. Eso no ocurrió. Las palabras estaban demasiado arraigadas.
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