Hoy son pocos los que se atreven a negar que la vida humana comienza desde la concepción. Desde ese instante, en un proceso programado y asombrosamente organizado, se despliega una secuencia de eventos biológicos que nos recuerdan que todos tuvimos un inicio… y que, inevitablemente, también tendremos un final.
Al nacer, tampoco contamos con todas nuestras capacidades plenamente desarrolladas; estas van apareciendo progresivamente a lo largo de los años. Por ello, valorar la vida humana según el “grado de desarrollo” resulta discriminatorio: no somos personas por lo que podemos hacer, sino porque somos seres humanos.
Más allá de esta reflexión ética, la ciencia plantea hoy una pregunta inquietante: ¿es posible que un feto, incluso en etapas tempranas de gestación, pueda experimentar dolor?
En ese sentido, un estudio de revisión publicado en 2024 en la “Revista Mexicana de Anestesiología” aporta evidencias que sugieren que esto podría ser posible.
La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor define el dolor como una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada con daño tisular real o potencial. Para que exista dolor deben intervenir varios elementos: receptores específicos (nociceptores), neurotransmisores, vías nerviosas, el tálamo y su conexión con la corteza cerebral.
Los avances de la neurociencia revelan que estos componentes, aunque inmaduros en el feto, no están inactivos. Ya en las primeras semanas aparecen los receptores del dolor (a partir de la semana siete), el arco reflejo (semana ocho), los núcleos del tallo cerebral (semana 11) y las vías de la médula espinal (semana 12). Además, antes de esa misma semana se forma la subplaca cortical, una estructura que cumple temporalmente las funciones de la corteza cerebral.
Aunque el feto no pueda expresar verbalmente su dolor, eso no significa que no lo experimente. Investigaciones recientes han analizado sus movimientos, los cambios en el electroencefalograma y las variaciones hormonales asociadas al estrés, hallando indicios consistentes de respuestas dolorosas antes del primer trimestre de gestación.
Si bien se requiere mayor investigación, la sola posibilidad de que un ser humano en desarrollo pueda sentir dolor tan temprano debería bastar para cuestionar, desde la ética y la ciencia, cualquier procedimiento que tenga como finalidad interrumpir su vida.
Médico gineco-obstetra.
