NUEVA YORK (HealthDay News).— ¿Quieres evitar que tu adolescente consuma drogas o beba alcohol? Nuevo estudio sugiere destinar tiempo para cenar con él.

La mayoría de los adolescentes que cenan regularmente con su familia tienen menos probabilidades de recurrir al consumo de sustancias, según informaron investigadores en el “Journal of Aggression, Maltreatment & Trauma”.

Una cena de calidad —con comunicación abierta, sin distracciones digitales, de disfrute— se relacionó con un riesgo de consumo de sustancias entre los adolescentes entre un 22 y un 34 por ciento menor.

“Estos hallazgos se basan en lo que ya sabíamos sobre el valor de las comidas familiares como una forma práctica y ampliamente accesible de reducir el riesgo de consumo de sustancias en adolescentes”, dice la investigadora principal Margie Skeer, presidenta de Salud Pública y Medicina Comunitaria en la Universidad de Tufts en Boston.

Para el nuevo trabajo se encuestó a 2,090 adolescentes estadounidenses de 12 a 17 años y a sus padres. Se utilizó un cuestionario estándar para evaluar la calidad de las comidas familiares y se preguntó sobre el consumo de alcohol, marihuana y vapeo por los adolescentes en los seis meses anteriores.

Los resultados mostraron que el vínculo durante las cenas familiares redujo el riesgo de consumo de alcohol entre un 22 y 34 por ciento; de vapear, hasta 30%, y de consumir marihuana, 34%.

“Conectar habitualmente durante las comidas —que puede ser tan simple como que un cuidador y un niño coman juntos una botana— puede ayudar a establecer una comunicación abierta y rutinaria entre padres e hijos, así como un seguimiento parental que apoye resultados positivos a largo plazo para la mayoría de los niños”, explica Skeer.

“No se trata de la comida, el momento o el lugar; lo importante es la relación padre-hijo y las interacciones que ayuda a cultivar”.

Sin embargo, el estudio también encontró que las comidas familiares regulares pueden no ayudar tanto a adolescentes que han tenido muchas experiencias negativas en la infancia.

Los adolescentes que habían experimentado cuatro o más eventos adversos en su infancia no obtuvieron un beneficio significativo de las cenas familiares, según mostró el estudio.

Estos eventos pueden incluir divorcio, violencia física, violencia sexual, un familiar que consuma sustancias, un familiar con un trastorno de salud mental o ser avergonzado por su peso.

En Estados Unidos, casi uno de cada cinco estudiantes de preparatoria menores de 18 años ha tenido traumas infantiles a este nivel.

“Aunque nuestra investigación sugiere que los adolescentes que han experimentado factores de estrés más severos pueden no ver los mismos beneficios de las comidas familiares, pueden beneficiarse de enfoques más específicos e informados sobre el trauma, como el apoyo en salud mental y formas alternativas de implicación familiar”, añade Skeer.

Futuras investigaciones deberían analizar si otros rituales familiares compartidos o rutinas podrían ayudar a estos adolescentes.

De un vistazo

Eventos adversos

Investigadores encontraron que las comidas familiares regulares pueden no ayudar tanto a adolescentes que habían afrontado cuatro o más eventos adversos en su infancia, como violencia física y sexual, y el divorcio de sus padres.

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