Han pasado cerca de 10 meses desde que una autoridad judicial ordenó el cese de operaciones de la granja porcícola “Kancabchén II” de grupo Kekén en la comisaría izamaleña de Sitilpech, esto ante una denuncia de grupos ambientalistas que acusaban a dicha granja de ser detonante de los problemas de contaminación del manto freático y algunos terrenos de la zona.
De entonces a la fecha, la granja estuvo bajo un procedimiento judicial para determinar la veracidad de las acusaciones imputadas en su contra, lo que provocó que poco más de 40 empleados de la misma vivieran en la zozobra y el temor sobre el futuro de sus empleos y sus fuentes de ingresos.
A casi un año de distancia, empresa y colaboradores comienzan a ver la luz al final del túnel, y es que la autoridad encargada del caso se ha pronunciado hace unas semanas al respecto y desechó la demanda interpuesta por los ambientalistas toda vez que la investigación arrojó que las acusaciones en su contra eran infundadas, de hecho quienes interpusieron la demanda en contra de esta granja nunca aceptaron ninguna invitación a recorrer las instalaciones y constatar de manera presencial los procedimientos con los cuales esta labora, mismos que se asegura están muy por encima de la normatividad oficial establecida en el país para este tipo de actividad productiva.
Durante un recorrido por el lugar, al cual fue invitado el Diario, se pudo ver que se trabaja para optimizar el estado de las instalaciones y la correcta operación de los equipo; ahí los colaboradores de Kekén hablaron de lo que ha significado para ellos este largo proceso y cómo el fallo emitido hace poco a su favor, sienta un precedente para otras granjas que pudieran estar afrontando acusaciones similares.
Características de la granja porcícola en Sitilpech
Con una superficie de 256 hectáreas, Kancabchén II es unan granja promedio de crianza de la empresa Kekén, una de las 14 que operan en todo el estado. Entró en operaciones en 2017, consta de dos módulos con capacidad máxima para 20 mil cerdos. Ubicada a las afueras de la comisaría de Sitilpech, en el municipio de Izamal, ésta ofrece empleo a 45 trabajadores y su presencia dinamiza diversas actividades productivas y económicas del poblado.
La granja cuenta con avanzada tecnología en sus diversos espacios para un manejo eficiente de cerdos y los deshechos que estos generan; planta de tratamiento de agua, cárcamos de almacenamiento, procedimientos de cloración, secado de residuos sólidos y biodigestores, son alguno de los equipos con que cuenta, además de que el agua reciclada es reutilizada con fines industriales de modo que estas no se vierten al subsuelo como quieren hacer creer quienes acusaron a la granja de contaminar el agua y la tierra.
Alvaro Rodríguez Ramírez, supervisor de mantenimiento, explicó que al momento que cesaron operaciones por el caso el temor y la incertidumbre se apoderó de los que laboran ahí.
“Las razones por las cuales se suspendieron las operaciones de la granja nos parecían absurdas, nadie de los que conocemos como se trabaja y se hacen las cosas en la granja puede entender cómo se puede hablar de contaminación del agua, si el agua no se vierte al suelo”, comentó.
Invitación a ambientalistas
“Muchas veces se invitó a los ambientalistas a que visiten la granja, conozcan de forma presencial cómo se trabaja, cuales son las normas, procedimientos y equipos, pero nunca lo hicieron, jamás respondieron a las invitaciones, ¿cómo pueden acusar a una granja de contaminar si desconocen cómo se trabaja?”, abundó.
Además recordó que la granja tuvo que retirar a todos los cerdos; sin embargo, mantuvo activos sus procedimientos de reciclaje de agua y operación de biodigestores, los cuales no se pueden detener o se corre el riesgo de dañar la infraestructura.
“Soy padre de familia, amo a mi comunidad y se distinguir lo bueno de lo malo, ¿creen ustedes que si supiera que la granja contamina el agua que usamos y el suelo que vivimos lo permitiría?, pero no es así, al contrario, porque sé cómo trabajamos tengo la certeza de que se están haciendo bien las cosas, por eso me da coraje que unos presuntos ambientalistas vengan a levantar falsas acusaciones sin siquiera conocer cómo se trabaja aquí”, dijo el entrevistado.
La empresa no dejó de cubrir los sueldos del personal, algunos fueron reubicados y a otros se les asignaron tareas específicas, ahora que la granja regrese a operar en breve, podría estar laborando con 50 colaboradores.
Teresa Dzib Ciau, encargada de limpieza del lugar, destacó que una granja que cuida los más diversos protocolos de seguridad e higiene, difícilmente puede ser contaminante.
Además destacó que las acusaciones vertidas en contra de la granja siempre fueron una mentira, porque quienes las lanzaron no conocen cómo trabaja la granja y sus procedimientos.
“Tienes que estar dentro para conocer y darte cuenta de cómo se trabaja en una granja Kekén; si hubiera contaminación del suelo cómo explican que estemos cultivando en los alrededores diversas plantas y hortalizas” señaló.
