• La marcha del silencio varonil de Viernes Santo cumplió anteayer 25 años de celebrarse en Progreso. Participaron poco más de 1,000 varones
  • Desde las capillas de Guadalupe y San José partieron los contingentes; cada uno llevó una cruz y en completo silencio marcharon rumbo al campo Hidalgo. En ese lugar se realizó la concentración y los sacerdotes Cetina Vega y Pan Aranda dirigieron mensajes

PROGRESO.— La marcha del silencio varonil de Viernes Santo cumplió 25 años de celebrarse en esta ciudad, con la participación de poco más de 1,000 varones, celebración que encabezaron los padres Óscar Cetina Vega y Fernando Pan Aranda, párroco y vicario de la Purísima Concepción y San José, respectivamente.

Es tradición que en la marcha del silencio solo participan hombres, es la última actividad del Viernes Santo y congrega a varones que parten de las capillas San José, en el Oriente, que encabezó el padre Fernando Pan, y capilla de Guadalupe, en el Poniente, por el padre Óscar Cetina y el diacono Melquiades Chan Díaz.

El viernes, a las 7 de la noche, desde las capillas de Guadalupe y San José partieron los contingentes; cada uno llevó una cruz y en completo silencio marcharon rumbo al campo Hidalgo, situado en la calle 72 con 31 a, donde llegaron a las 7:30.

En ese lugar se realizó la concentración y los sacerdotes Cetina Vega y Pan Aranda dirigieron mensajes a los hombres.

Al padre Fernando Pan le correspondió en esta ocasión dirigir la reflexión, que como es tradición desde hace 25 años es dirigida a los hombres.

“El espíritu de la paternidad es la realización personal”, señaló el padre Fernando Pan.

“Hemos desgastado nuestra vida despilfarrando tiempo para conseguir el bienestar de los que amo, nos creemos ‘todopoderosos’ porque dejamos a la familia unos cuantos días o semanas, pensado ‘es por ellos’, mientras que nuestro corazón se llena de vicios, excesos, lujuria, corrupción…

“Compensamos el cariño y la ternura con ‘lujos, falta de esfuerzo, tenacidad y valentía’ para formar a los hijos con la virilidad del amor paterno”, continúo.

“¿Dónde podemos acudir en busca de la verdad felicidad?”, se preguntó.

“En definitiva, el corazón humano busca el amor del padre, el amor que educa, el amor que custodia, el amor que provee, la mano que sostiene y acompaña, ese amor solo el varón lo puede dar, y así es el amor que experimentó Cristo.

“¿Dónde podemos acudir en busca de la verdadera felicidad?

“La respuesta ya nos lo da el Concilio Vaticano II: ‘Cristo (…) en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación” (Gaudium et Spes, 22)”, apuntó.

“El padre cristiano, el varón cristiano, debe buscar al Dios hecho hombre: Jesucristo; para hallar el significado de la felicidad y la vida humana. Al acudir a Cristo, vemos una concepción de la felicidad muy diferente de la que ofrece nuestra cultura de consumo.

“Miren al hombre ‘Ecce homo’ (este es el hombre o ‘he aquí el hombre’ en castellano) es la traducción que en la Biblia Vulgata latina se dio al pasaje del Evangelio de Juan (19:5). Se trata de las palabras pronunciadas por Poncio Pilato, el gobernador romano de Judea, cuando presentó a Jesús de Nazaret ante la muchedumbre hostil a la que sometía el destino final del reo.

“Aquí está el hombre, mírenlo, contémplenlo…

“Él es el hombre que llena el corazón de todo hombre, es la imagen de la semejanza con lo divino, el varón justo que se entregó por bienes eternos. Él es el hombre, y yace descansando, para que en el silencio de esta noche santa avivemos y rompamos las ataduras de la muerte que nos han llevado a ser hombres sin virilidad.

“Porque muchos son hombres por el dato biológico y genético, pero pocos por virtud y capacidad”.

“La historia de Cristo hoy se detiene en el silencio de esta noche, pero recordemos que el papel de Cristo en la Tierra se puede describir como una misión. Dios Padre envía a su único Hijo para reconciliar al mundo con Dios. En otras palabras, la misión de Jesús es nada menos que salvar las almas de toda la gente de todos los tiempos.

“Cristo cumple esta misión mediante sus papeles de sacerdote, profeta y rey. Como el sacerdote perfecto, Cristo se ofrece en perfecto sacrificio por la salvación de toda la humanidad. Como profeta, transporta por el mundo el mensaje de reconciliación de Dios enseñando acerca de Su amor y misericordia. Como rey, gobierna el universo ejerciendo su autoridad mediante la solidaridad y la humildad.

Labor

“La misión del padre moderno es, al igual que la de Cristo, la salvación de las almas. La diferencia es que la misión de Cristo es universal: consiste en la salvación de toda la humanidad.

“La misión del padre consiste, principalmente, en la salvación de su familia. Más allá de la diferencia en magnitud, el padre tiene a su disposición los mismos métodos para cumplir esta misión de salvación.

“Al recibir la gracia de Cristo en los sacramentos del bautismo y del matrimonio, el padre comparte la gracia de la muerte y la resurrección de Cristo con sus hijos. También es sacerdote, ya que acerca a sus hijos a los sacramentos y así les permite recibir de manera directa la gracia de Cristo.

“El padre es un profeta, el portador del mensaje de Dios, para sus hijos cuando cumple su obligación de enseñarles la fe católica. Desempeña el papel de rey de Cristo al ser la cabeza espiritual de su familia. Este liderazgo siempre se ejerce al estilo cristiano, no al estilo mundano. La obligación del padre de liderar a su familia con santidad no es un llamado a la dominación, sino al servicio”.— Megamedia

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