(Primera Columna publicada el 27 de enero de 2001)

Decíamos que el desacato tiene el misterio del tren de Sotuta: sabemos a qué hora sale y de qué lugar, pero no sabemos cuándo llega ni adónde. Hay que precisar que este “adónde” está cerca y aquel “cuándo” lo tenemos encima.

¿Dónde y cuándo? Lo seguro es el rumbo: el tren expreso del desacato se dirige a una colisión, a menos…

A menos que se desvíe.

En el cambio de ruta el tren ya no pasa por la soberanía: el Congreso no interviene en la maniobra. Tampoco pasa por el Trife: no se necesita a la Federación. El gobernador se puede quedar a un lado.

Los partidos políticos también.

Para desviar al expreso del desacato y evitar los choques que hoy parecen inevitables; para ahorrar al estado y al país un accidente de proporciones y costo incalculables, ¿qué se necesita? ¿Que se encierren los diputados hasta morir? Los diputados serían espectadores, no actores. ¿Qué intervino el presidente Fox? La fuerza sale sobrando. Lo que se necesita es fácil y rápido. Tan sencillo como eficaz. Sólo se requiere una iniciativa: que el Consejo Uno, que preside el señor Medina Chacón, tome la saludable iniciativa de presentar su renuncia.

¿Dar marcha atrás? No: un paso al frente. ¿Doblar las manos? Abrirlas.

¿Rectificar? Habrá quien así lo vea, pero rectificar es una palabra bonita. El vocabulario es noble. En primera, segunda o tercera persona, tanto del singular como del plural, conjugarlo nunca rebaja, siempre enaltece. No es síntoma de debilidad sino señal de entereza.

La renuncia es el rescate oportuno de todas las víctimas. La soberanía queda a salvo; el pacto federal, íntegro. El gobernador hará lo que ha dicho: entregará el local y el dinero a los consejeros que el Congreso del Estado le indique. El Congreso le indicará al Consejo…

¿Cuál Consejo? El único que existe: el Consejo Electoral de Yucatán.

Con esta fórmula feliz -que seguramente ya fue pensada- ganan todos: el presidente y el gobernador, los diputados y los partidos. Gana México, y al ganar México, gana Yucatán.

Y el PRI, extraída la espina dolorosa y virulenta del desacato, podrá dedicarse, en el poco tiempo que ya le queda, a la selección de candidatos que le ayuden a curar las viejas y las nuevas heridas, no a salarlas, y contribuir a que la campaña electoral que se avecina sea un ejemplo cívico que redima a los yucatecos del triste espectáculo que hoy ofrecemos a la nación.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán