(Primera Columna publicada el 21 de febrero de 2001)

La Columna te invita, lector, a un viaje al pasado. Vamos a visitar al tatarabuelo del mitin que el gobierno hizo ayer en el Paseo de Montejo. Es el lunes 16 de junio de 1969. Hasta aquel día, el PRI detestaba que lo sorprendieran acarreando gente. Entonces cubriría las formas. Aquel lunes el PRI se quitó la careta y guardó el pudor en el cajón: hizo desfilar a más de 10,000 ejidatarios.

Fue un carrusel. Daban vueltas y más vueltas por las calles del centro de Mérida, en camiones de redilas, con lujo de ostentación. Al caer la tarde, como nube de langosta, se posaron en la Plaza a esperar…

El gobierno siempre hace sus cosas para impresionar a alguien. Aquel lunes, por la noche, a unos metros de la Plaza, la Cámara de Comercio de Mérida se reunió para decidir si condenaba o aprobaba un robo.

En la madrugada del lunes 9 de junio, por sorpresa, la Policía del Estado, apoyada por el Ejército, invadió el cuartel de la Policía de Mérida, frente a la Iglesia de la Candelaria, y se la quitó al Ayuntamiento meridano. Víctor Manuel Correa Rachó era el alcalde.

Primer alcalde de la oposición en el siglo XX en la capital yucateca.

El gobierno, convencido de que Correa Rachó ganaría por las buenas las elecciones de gobernador de noviembre de 1969, optó por las malas. La expropiación de la Policía de Mérida, para que no pudiera cuidar casillas, para que pudiera robar ánforas, fue la primera piedra del mayor fraude electoral en nuestra historia.

Mérida llegó el lunes 16 de junio de 1969 en un solo grito de indignación. Las tiendas habían cerrado en un paro de 24 horas para sumarse a la exigencia unánime: que le devuelvan la policía al Ayuntamiento. Se esperaba con expectación el voto de la Cámara. La cámara madre. La tercera voz de Yucatán, después del gobernador y el señor Arzobispo. Era la gota que derramaría el vaso.

Diez mil ejidatarios esperaban en la Plaza. Agentes de Gobernación iban y venían. Impresionada, que es lo más piadoso que se puede decir, la cámara se fue por la tangente. Ni autorizado ni condenó el robo: se arrugó. Se concretó a pedir respeto a la ley cuando ambos, el ladrón y su víctima, afirmaban que la ley estaba de su parte. La indefinición de la Cámara era una declaración de neutralidad. Fue la segunda piedra del fraude.

Cumplida la misión de impresionar, los 10,000 ejidatarios se dirigieron en orden a la Casa del Pueblo, en busca de la paga que la Liga de Comunidades Agrarias les había ofrecido como salario del acarreo.

Entrada la noche, unos 30 ejidatarios de Tekantó vinieron a quejarse al Diario: sólo les habían dado 10 pesos, a pesar de que Víctor Cervera Pacheco les había ofrecido 20. Pusieron un Remitido.

Regresaron como media hora después. “Queremos quitar el Remitido. Le dijimos a don Víctor que habíamos venido al Diario a poner nuestra queja y enseguida nos dio los 20 pesos”.

El periódico no aceptó la cancelación. Los ejidatarios pidieron entonces que publicáramos dos remitidos. En el segundo dejaban constancia de que el señor Cervera al fin les había pagado lo convenido.

Así lo hicimos.

Por cierto, lector, el reportero había tratado al principio de disuadir a los ejidatarios: “No publiquen el remitido, mañana les van a pegar”. ¿Sabes qué nos contestaron los ejidatarios? “No nos hacen nada, niño: en Tekantó todos somos panistas”.

Ese fue el tatarabuelo del mitin de ayer en el Paseo de Montejo. El organizador fue el mismo: el señor Cervera Pacheco. Claro que el tataranieto nos está costando mucho más que en 1969. Entonces pagamos los camiones de redilas y 20 pesos por cabeza a 10,000 ejidatarios (a lo mejor sólo 10 a los que no vinieron al periódico). Ahora la factura incluye 20 toneladas de equipo de sonido, todos los autobuses del mundo y quién sabe cuántas millas de excursionistas, más los viáticos.

La Columna te deja, lector, con una pregunta: ¿A quién quieres impresionar ahora? PD- Aquel cajón sigue cerrado.

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