(Primera Columna publicada el 5 de julio de 2005)
César Pompeyo regresó ayer a la banca de costumbre. Durante su ausencia hizo un recorrido por antiguas plazas mayores, invitado por un empresario de bienes raíces que ha fincado una parte sustancial de su tiempo libre en la historia, la geografía y la proyección de ambas disciplinas sobre la actualidad.
A la Plaza Mayor le decimos aquí Plaza Grande, de manera que el señor Pompeyo se sintió como en su casa, como si no hubiera salido, y le pareció natural que el reportero, sin interesarse en las impresiones del viaje, sin preguntarle ni siquiera cómo le fue, lo recibiera con este saludo:-¿Ya oyó usted el último balido de la crisis de los borregos?El periodista se refería al certificado de buena conducta que la Secretaría de Agricultura extendió a Xavier Abreu Sierra en una carta-finiquito que el interfecto dio a conocer el viernes y el Diario publicado el sábado.
-¿Finiquitaron a los borregos?-La carta no lo especifica. Alude a una auditoría practicada al negocio de los borregos en que está metida la Secretaría de Desarrollo Social.
-¿Cómo marcha el negocio?-Eso es cuestión de fe, don César. La auditoría es secreta. Está prohibido que nos revelen los números. Primero hay que solicitarle a Fulano que en oficio girado a Mengano se le pida a Zutano que, con la autorización de Perengano, rinda a la superioridad el informe que se enviaría a la delegación para que ésta estudie la conveniencia de dar las cifras a la publicidad. Cada trámite con las copias correspondientes. Cada gestión con las firmas consiguientes. Ya usted sabe cómo son las cosas cuando se trata de guarismos oficiales. El protocolo de la burocracia es prolijo y exigente. Hay que proteger a los que cuidan nuestro dinero.
-¿De quién es ese rollo? ¿Es tuyo? -Se desprende de un oficio que acompaña a la carta-finiquito. Lo firma José de Jesús Romo Santos, director general de Apoyos para el Desarrollo Rural de la Sagarpa, y está dirigido al delegado de la mencionada federal en la entidad, Rodolfo López Ruiz, con copias a…
-¿Son socios de Xavier en el negocio?-Por lo menos les cae muy bien o de plano lo quieren con pasión. En uno de esos documentos se menciona “el afán” de proporcionar datos que aparentemente favorecen al señor Abreu. Le voy a leer (saca un papel): Dicen que de acuerdo con la normatividad…
-De las normatividades, líbranos Señor.
-Déjeme terminar, don César. La carta asegura que considerando el Addendum correspondiente, el oficio INCA/UTON de 11 de febrero de 2004 expresa que los recursos del ejercicio 2002 fueron aplicados según la normatividad y por lo tanto es procedente la emisión del finiquito de estilo.
-Me quedé igual. No entiendo ni jota.
-Es sólo el principio. El oficio agrega que el Organo de Control interno entregó a la Dirección General el informe ejecutivo sobre el seguimiento de las recomendaciones preventivas y correctivas derivadas de las observaciones determinadas en las auditorías 2002 y 2003 practicadas al Papir de los ovinos, con el resultado de que se dieron por solventadas las observaciones correspondientes.
-¿A eso le llamas datos? Para mí es una sopa de letras. ¿Me estás vacilando, reportero?-No, palabra que no, don César, así está en el Diario.
-Pues no lo entiendo: si lo hicieron bien, por qué les salió tan mal.
-Es que usted acaba de enterarse del oficio, don César. Yo estudié esos párrafos el fin de semana, los medité y creo que los he descifrado. Fíjese que en ningún momento dicen que los borregos estén vivos, esqueléticos o muertos. Nada indican sobre los vientres: si estaban vetustos o no lo estaban. No hay mención de las empresas fantasmas, las direcciones inexistentes, los teléfonos equivocados y los concursos tramposos. Tampoco aclararán si los campesinos se forraron de plata o se quedaron en bancarrota y tendrán que salir a pedir caridad.
-¿Qué significa entonces ese chorro de palabras?-Significa que en el caso de los borregos nada fue una casualidad. No podemos hablar de incapacidad, descubierta o negligencia. Con alguna corrección, fruto de observaciones apropiadas y derivaciones solventes, todo resultó como estaba previsto. Si algo salió mal, es porque así estaba dispuesto, porque así estaba planeado. Como todo lo hicieron bien, por eso salió mal.
-Mal para muchos, reportero, pero bien para algunos. Alguien se puso las botas con la normalidad.
-Normatividad, don César, no normalidad. Pero comprendo su confusión. Eso es un aspecto importante del negocio de los borregos: que lo normativo sea normal. Parece un juego de palabras, como el oficio de Agricultura, pero plantea un asunto serio: ¿qué es lo normal en el gobierno?-¡Normatividad, normatividad -exclamó Pompeyo, como en la frase famosa-, cuántos borregos se finiquitan en tu nombre! ¿Qué nos queda, periodista, qué nos queda después de la auditoría, el finiquito y el bla bla bla?-Nos quedan don Xavier y su certificado de buena conducta. La normatividad es ancha don César. Alcanzan el señor Abreu y toda la Secretaría de Desarrollo Social. Hay lugar también para los diputados y el gabinete entero de Fox. A menos, claro, que en mis meditaciones de fin de semana yo no haya descifrado correctamente los jeroglíficos que nos receta Agricultura para decirnos, en mi opinión, que la luna es de queso y la crisis de los borregos es algo perfectamente normal.
