(Artículo publicado el 22 de agosto de 2003)

Por Max GASTÓN

Tiene puntos débiles la carta que la Cámara de Comercio de Mérida publicó ayer para decir que su presidente Luis Alberto Rivas Polanco no fue uno de los “principales responsables” de la violenta manifestación del miércoles 13 de agosto contra la Comuna en la Plaza Grande.

Se niega que el señor Rivas sea un responsable principal, pero el uso del adjetivo abre la puerta a la posibilidad, o sospecha, de que pueda haber sido un responsable con otras características: secundaria, colateral, intelectual, oculta…

La carta “reprueba el uso excesivo de la fuerza para reprimir con mayor violencia a los manifestantes, incluyendo mujeres de edad avanzada y niños, sin antes establecer el diálogo con los manifestantes”.

La referencia a los manifestantes es deficiente. Según las reseñas, “la mayoría de ellos eran jóvenes de pelo largo con aretes en nariz y orejas. Algunos tenían aliento alcohólico” y “con gritos e insultos pedían a la alcaldesa Ana Rosa Payán Cervera que saliera al balcón de Palacio o bajara a la calle”.

Establecer un diálogo con tales manifestantes no es recomendable para la integridad personal y la salud pública. Estaban armados de piedras, botellas, varas de madera, palos, bultos de petardos, otros explosivos…

Sin embargo, consta en el periódico que la policía trató de establecer con los manifestantes ese diálogo que recomienda la Cámara: en buena forma les pidió que liberaran los nueve o diez autobuses que habían secuestrado y empleado para bloquear calles e impedir el tránsito.

Los manifestantes respondieron a la solicitud policialca con una lluvia de proyectiles. Fue el “diálogo” de la palabra con la piedra, el palo y la botella. ¿”Uso excesivo de la fuerza para reprimir con mayor violencia”? Las crónicas informan que la policía estuvo varias horas a la expectativa, observando a los manifestantes -sin impedir los bloqueos, sin evitar secuestros, sin confiscar proyectiles-, hasta que identificó bien a los cabecillas e intervino para detenerlos con ayuda de tres bombas de gases lacrimógenos.

En cuestión de segundos, con precisión, la policía puso fin a más de cuatro horas de gamberrismo. El saldo, dos heridos leves, contrasta con el número de vándalos, empujadores y curiosos: más de 500.

Fue notoria la exhibición de paciencia que dio la policía frente a los desmanes. Es un aspecto que conviene analizar.¿Cuándo la paciencia de la autoridad frente a la violencia puede caer en imprudencia que estimule al delincuente? La Cámara pide al gobernador “que en lo futuro prevalezca la disposición de diálogo por parte de la autoridad para resolver las legítimas inconformidades de la población y quede sólo como último recurso la utilización de la fuerza pública en la medida adecuada para lograr el correcto equilibrio de tolerancia con el mantenimiento del orden público”.

Bonitas palabras, pero improcedentes. Si las aplicamos a la manifestación del 13 de agosto se pueden interpretar como una exhortación al jefe del Ejecutivo a tolerar que un grupo de inconformes, sin dar la cara, contrate a una banda de pelafustanes para expresar sus agravios en forma ilegítima, acarreando a niños y ancianos para que les sirvan de escudo. Hay una omisión importante en la carta. Cuando un periódico fue acusado de organizar la manifestación de la Plaza, el presidente de la Cámara opinó que se debía investigar ese cargo. La Cámara rechaza las acusaciones al señor Rivas, pero se abstiene de pedir que sean investigadas. No solicita una averiguación judicial sobre el escándalo ni pide que la condigna sanción a quienes resulten responsables desaliente el recurso a la violencia, el ataque a la propiedad privada y las alteraciones de la paz como medios para presionar a las autoridades.

La carta de la Cámara se parece a la que publicó el regidor priísta Ignacio Mendicuti Priego para “rechazar categóricamente la represión policialca de la que fueron víctimas los ciudadanos y representantes de los medios de comunicación”.

¿Qué ciudadanos? ¿Los peludos de arete, palo y petardo? ¿Qué representantes de los medios de comunicación? Sólo se sabe de un reportero que cayó inconsciente, golpeado en la cabeza por la piedra de un vándalo. ¿Se llama represión a la restauración del orden con un saldo de dos heridos leves, después de más de cuatro horas de secuestros, bloqueos y otros desmanes en el corazón de la ciudad? Dos cartas que coinciden en versiones que no concuerdan con la realidad. Dos cartas que comparten, al parecer, un criterio que puede confundir y desorientar a la ciudadanía sobre el papel que las leyes y la civilización asignan a gobernantes y gobernados en la solución de los problemas que los enfrenten.- MG – Mérida, Yucatán, agosto de 2003.

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